ORGANIZACIÓN
Fundación para la Promoción del Conocimiento Indígena (FPCI)
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150
BENEFICIARIOS inDIRECTOS
600

El objetivo de la propuesta es fortalecer sistemas agrícolas sostenibles de comunidades indígenas como medidas de adaptación al cambio climático y frente a situaciones de emergencia, como la pandemia de COVID-19, para mejorar el suministro de alimentos en las comunidades Usdub y Dad Nague Dubir del pueblo indígena Guna en Panamá. Entre sus metas, el proyecto busca fortalecer capacidades y promover el intercambio de conocimientos entre comunidades indígenas dentro de cada país, con el fin de compartir prácticas exitosas y lecciones aprendidas que puedan implementarse localmente para aumentar la resiliencia y seguridad alimentaria.

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La agricultura frente a la crisis climática
FotografíasTarina Rodriguez
TEXTOAndrea Fajardo
Costa Caribeña del Darién / Panamá

“Los bosques son mi supermercado, mi farmacia, mi congeladora”. Así define Onel Masardule, líder indígena Guna del territorio Guna Yala en Panamá, la relación ancestral de su pueblo con la naturaleza. La frase describe con precisión una forma de vida que sigue vigente en Guna Yala, donde el vínculo con el territorio es material y cotidiano, y donde la seguridad alimentaria depende, en gran medida, de lo que el bosque y el mar pueden ofrecer. 

Ubicada en la costa caribeña al este de Panamá, esta es una región habitada por más de 32 mil personas, en su mayoría del Pueblo Indígena Guna. Esta población se distribuye entre islas, zonas costeras y áreas continentales. Allí el cambio climático ha alterado muchos de los ciclos que sostienen la vida: el aumento del nivel del mar, la irregularidad de las lluvias y la intensificación de fenómenos extremos están modificando las condiciones de producción y habitabilidad en uno de los territorios más expuestos de Panamá.

El fortalecimiento de los sistemas indígenas de producción de alimentos del Pueblo Guna nace como una respuesta desde el territorio, impulsada por comunidades que han visto cómo el equilibrio histórico de su entorno está en peligro. Onel Masardule también es director de la Fundación para la Promoción del Conocimiento Indígena (FPCI) y explica que casi el 80% de los alimentos que consumen los Guna provienen del bosque y del mar, lo que refleja no solo una dependencia estructural, sino una forma de organización que sostiene la vida en condiciones de relativo aislamiento. 

El sistema agrícola Guna permite que las parcelas descansen para recuperar naturalmente la fertilidad del suelo y favorecer la regeneración del bosque.

No obstante, esta relación comenzó a debilitarse en los últimos años. Específicamente durante la pandemia de COVID-19, cuando el cierre de las rutas de acceso entre la capital y Guna Yala puso en evidencia las limitaciones de depender parcialmente de insumos externos. Si bien nadie murió de hambre, como Onel señala, la experiencia dejó claro que era necesario reforzar los sistemas propios de producción para garantizar la autosuficiencia en escenarios de crisis.

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(2) Monitoreo de sargazo en la desembocadura del río que conduce a las parcelas agrícolas de Digir. (3) Leida Mesa, líder comunitaria y responsable de la actividad agrícola, sobre un lote en su primera etapa de limpieza. (4) Una palma de cocos, ingrediente esencial presente en bebidas, guisos y preparaciones tradicionales. (5) El Comité de Agricultura después de despejar un terreno que será destinado a la siembra. (6) Flor de banano. (7) Maraca elaborada con calabaza seca y hueso de venado, pintada con los colores y símbolos de la Revolución Dule como la towel kikir, la esvástica ancestral que para el pueblo Guna simboliza los cuatro puntos cardinales y la creación del mundo. (8) Leida Mesa.

Onel también menciona que en los últimos años, meses tradicionalmente secos como enero y febrero registraron lluvias intensas que atrasaron el inicio del ciclo agrícola. Una alteración que, sumada al aumento del nivel del mar, compromete la producción y la estabilidad territorial. En este escenario, fueron las mujeres quienes impulsaron acciones para asegurar los alimentos básicos de las familias, y esto dio origen a un proyecto enfocado en recuperar prácticas agrícolas, fortalecer conocimientos tradicionales y reactivar la producción comunitaria en Guna Yala, con el acompañamiento del Foro Internacional de Mujeres Indígenas (FIMI) y el financiamiento del Fondo Internacional de Desarrollo Agrícola (FIDA), a través de su Fondo de Apoyo a los Pueblos Indígenas (IPAF).

El sistema agrícola Guna, lejos de responder a los modelos intensivos que predominan en la industria alimentaria, se basa en un ciclo rotacional que prioriza la regeneración del suelo y el equilibrio ecológico. Este ciclo da espacio para que, después de una cosecha, las parcelas descansen por periodos que pueden durar entre veinte y cuarenta años antes de volver a ser cultivadas. De esta manera, se garantiza la recuperación natural de los nutrientes sin necesidad de fertilizantes químicos.

“No queremos aislarnos del mundo, pero sí queremos relacionarnos con lo de afuera sin perder el control de lo nuestro.”

Esta práctica, que se mantiene vigente en distintas comunidades del Pueblo Guna, explica en parte por qué los bosques de Guna Yala están entre los más conservados de América Latina. En este sistema, la producción está orientada a la suficiencia más que a la acumulación. Las familias producen solo lo que necesitan y, en caso de no tener algún alimento o medicina, intercambian con otras familias y se ayudan mutuamente.

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(9) En las casas ondea la bandera de la Revolución Dule como símbolo de identidad y resistencia. (10) Joven Guna cuida la entrada a la Onmaggednega, la casa de la comunidad. (11) Preparación colectiva de alimentos como parte de la conmemoración de la Revolución Guna. (12) Confección de una blusa tradicional. (13) El achiote se utiliza para teñir de rojo las mejillas de las mujeres. El ají aporta sabor y carácter a las preparaciones tradicionales. (14) Una paila de gran tamaño hierve lentejas sobre un fogón de leña. (15) Una mujer Guna frente a su vivienda, ataviada con su vestimenta tradicional. (16) Distribución de alimentos a miembros de la comunidad.

Uno de los riesgos más significativos que enfrentan actualmente, según Onel, es la pérdida progresiva de semillas nativas. Estas han sido desplazadas por semillas comerciales y transgénicas que no se pueden reutilizar. Advierte que esto ha puesto en peligro no solo la diversidad de sus cultivos, sino también los conocimientos asociados a ellos, pues cada semilla está ligada a prácticas específicas de siembra, observación del entorno y lectura de los ciclos naturales.

En respuesta, el proyecto de la FPCI implementado en las comunidades de Usdub y Dad Nagwe Dubbir ha desarrollado inventarios de semillas, talleres de recuperación, estudios sobre sistemas de producción indígena y la implementación de fincas modelo donde se cultivan productos como piña, yuca y plátano con prácticas tradicionales. A la vez, se exploran cultivos con potencial económico como el cacao (incluyendo variedades como el cacao blanco, altamente valorado en mercados internacionales), bajo el principio de mantener el control comunitario sobre su producción.

En la comunidad de Digir, por ejemplo, el fortalecimiento de las capacidades productivas de las mujeres ha derivado en una mayor participación en espacios de decisión. Al punto de que lideresas han pasado de trabajar la tierra a representar a sus comunidades en instancias regionales, articular experiencias con mujeres de otros países y posicionar su conocimiento como una referencia más allá de lo local. También se ha renovado el interés de los jóvenes por el trabajo en el campo, lo que, según Onel, es fundamental para la continuidad del sistema.

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(17) Ensayo de una danza tradicional. (18) El sonido del caracol convoca a los vecinos y anuncia reuniones del Congreso Guna, asambleas y actividades colectivas. (19 a-b-c) Las maracas, conocidas como chichito, son instrumentos sagrados elaborados con materiales naturales. (20) Jóvenes interpretan la flauta tradicional conocida como kamu purrui, elaborada con cañas naturales de distintos tamaños. (21) Proceso de elaboración de las wini. (22) Una mujer guna ajusta en su brazo las wini, pulseras de chaquira elaboradas a mano con cuentas de vidrio de colores. (23) La comunidad de Digir se reúne en la Onmaggednega para conmemorar la Revolución Guna de 1925. Durante el encuentro, el Saila comparte la historia de la resistencia.

Este proyecto se desarrolla, sin embargo, en un territorio atravesado por múltiples tensiones. Desde la minería ilegal y el narcotráfico hasta el impacto de la migración a través del Tapón del Darién, que en 2023 alcanzó cifras récord de más de 520 mil personas y unas 2 mil 500 toneladas de basura abandonadas en la selva. A ello se suma una disputa sostenida con el Estado panameño en torno a proyectos como la interconexión eléctrica con Colombia, que las autoridades Guna han rechazado durante más de dos décadas, amparadas en la autonomía que ejerce el Congreso General Guna como máxima autoridad del territorio.

Este nivel de autonomía ha sido clave para frenar la entrada de megaproyectos, pero no elimina desafíos estructurales como el alto costo del transporte, que limita la posibilidad de comercializar excedentes agrícolas y refuerza la necesidad de priorizar la autosuficiencia.

Para el Pueblo Guna, la defensa de los sistemas de producción no puede separarse de su identidad, ya que la tierra no es únicamente un recurso para ellos, sino el eje que articula su vida espiritual, cultural y social. Los cantos, la medicina tradicional y las formas de organización dependen directamente de la salud del bosque y del agua. “Si el bosque se acaba, se acaba también nuestra medicina y se acaban nuestros cantos”, dice Onel. Así resume una relación que trasciende lo productivo y que define, en última instancia, la permanencia del Pueblo Guna.

A medida que el nivel del mar crece y algunas comunidades se ven desplazadas de su hogar, como ocurrió con la isla Gardi Sugdub, fortalecer el sistema productivo tradicional se vuelve aún más urgente. La apuesta del Pueblo Guna es resistir desde la continuidad de prácticas que, lejos de ser reliquias del pasado, operan como respuestas vigentes frente a una crisis global.

Cerca del 80% de los alimentos consumidos por las comunidades Guna provienen tradicionalmente del bosque y del mar.

El horizonte que plantea Onel como líder y como persona indígena es que cada familia pueda producir su propia comida, que los jóvenes, incluso si migran para estudiar, mantengan un vínculo activo con la tierra, y que las semillas nativas recuperadas vuelvan a circular en todas las parcelas. “No queremos aislarnos del mundo, pero sí queremos relacionarnos con lo de afuera sin perder el control de lo nuestro, de lo más esencial que tenemos, que es la conexión con la tierra”.

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(26) Mientras el nivel del mar asciende, el pueblo Guna lidera un proceso histórico de traslado hacia tierra firme para preservar su cultura y autonomía.

Baleu, Guaxpom La Calera, Mocohán / Alta Verapaz, Baja Verapaz / Guatemala
Las comunidades Maya Q’eqchi’ y Maya Poqomchi’ se encuentran en los municipios de San Cristóbal Verapaz y Tucurú, en el Departamento de Alta Verapaz, y el municipio de Purulhá en Baja Verapaz, ubicados en la Región Norte de Guatemala. El territorio es atravesado por la Sierra Madre y el entorno es predominantemente subtropical y montañoso. Las temperaturas oscilan entre los 16 - 22 °C.
6º Ciclo IPAF–FIDA (2022–2026)
ORGANIZACIÓN
Unión Verapacense de Organizaciones Campesinas (UVOC), Asociación Mujeres Mayas Comprometida con el Desarrollo de las Comunidades Indígenas y Campesinas (IXOQ MAYAJ)
PARTICIPANTES DIRECTOS
180
PARTICIPANTES inDIRECTOS
300

Priorizar los conocimientos ancestrales de las comunidades para la defensa y recuperación cosmogónica del territorio Maya Q’eqchi’ y Maya Poqomchi’. Realización del primer intercambio de experiencias a nivel ancestral y cosmogónico, con la participación de Autoridades del área Sur, Occidente, Altiplano y Norte de Guatemala. Construcción de huertas, viveros y parcelas demostrativas por parte del equipo técnico y de los participantes con el objetivo de mejorar la nutrición y consolidar la seguridad alimentaria de la región.

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