6º Ciclo IPAF–FIDA (2022–2026)
ORGANIZACIÓN
Resguardo Indígena Kankuamo
BENEFICIARIOS DIRECTOS
520
BENEFICIARIOS inDIRECTOS
350000

El proyecto fortaleció la gestión integral del territorio del Pueblo Kankuamo, combinando conservación ambiental, soberanía alimentaria y desarrollo productivo. Se destinaron 2.800 hectáreas a conservación, se digitalizaron y señalizaron las áreas, y se entregaron mapas a instituciones educativas, mientras se fortalecieron las capacidades de monitoreo con drones, binoculares y tablets. Se establecieron 100 parcelas agroforestales beneficiando principalmente a mujeres, se crearon dos Bancos de Semillas y se mejoró la Casa de Custodia, promoviendo prácticas agrícolas tradicionales. Además, se desarrollaron y comercializaron productos con valor agregado bajo la marca ANCHUKU, fortaleciendo la economía local, la identidad cultural y el encadenamiento productivo. Estas acciones buscan aumentar la resiliencia del territorio, mejorar la autosuficiencia agroalimentaria y consolidar la gobernanza indígena enmarcada en el Gobierno Propio y la cultura Kankuamo.

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Ecosistemas estratégicos
FotografíasLismari Machado Wayuu Uliana
TEXTOAndrea Fajardo
Resguardo Indígena Kankuamo / Cesar / Colombia

En la falda suroriental de la Sierra Nevada de Santa Marta, la montaña costera más alta del mundo, el Pueblo Indígena Kankuamo monitorea sus bosques con drones y tecnología GPS mientras sus mujeres custodian semillas nativas en una casa que huele a tierra mojada. Dos tecnologías que conviven con una sola intención: proteger el territorio y que siga siendo habitable para futuras generaciones. 

Según datos del Instituto de Investigación de Recursos Biológicos Humboldt, el bosque seco tropical es el ecosistema más amenazado de Colombia y ha perdido cerca del 90% de su extensión original. No es el más famoso ni el más fotografiado, aunque sí el más deteriorado hasta ahora. Lo que queda, que es menos de un millón de hectáreas fragmentadas entre el Caribe, los valles interandinos y la Orinoquía, actualmente se enfrenta a conflictos con la ganadería, la agricultura extensiva y los incendios forestales.

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(1) El Resguardo Indígena Kankuamo se encuentra en la falda suroriental de la Sierra Nevada de Santa Marta, entre las cuencas de los ríos Guatapurí y Badillo. (2) Café, cacao, frijol milo, frijol rojo, frijol cabecita negra, walma, ahuyama y arroz. La diversidad de semillas permite sostener cultivos adaptados al clima, al suelo y a las necesidades alimentarias de las familias.

El Resguardo Kankuamo, localizado entre las cuencas de los ríos Guatapurí y Badillo en el departamento del Cesar, se extiende por 24,212 hectáreas y tiene una población de aproximadamente 14 mil habitantes. En los últimos años, sus pobladores han observado cómo los bosques se han ido perdiendo, las cuencas de los ríos ya no tienen el mismo caudal, la fauna y la flora han disminuido sin que exista una forma sistemática de medir el daño, mucho menos de frenarlo.

Este cambio en el territorio es lo que el proyecto de Conservación de Ecosistemas Estratégicos Ancestrales del Pueblo Kankuamo se propuso atender. Acompañados por el Foro Internacional de Mujeres Indígenas (FIMI) y con financiamiento del Fondo Internacional de Desarrollo Agrícola (FIDA), a través de su Fondo de Apoyo a los Pueblos Indígenas (IPAF), los habitantes del Resguardo Kankuamo han implementado el uso de drones, GPS, tabletas de registro, un banco de semillas nativas, parcelas agroforestales y una marca propia de suplementos alimentarios hecha con productos del territorio. 

La Comisión de Territorio y Medio Ambiente del Cabildo Indígena Kankuamo es el motor principal del proyecto. Es esta la que patrulla, monitorea y toma decisiones sobre qué áreas se conservan y cuáles se destinan a la producción de alimentos. Antes la comisión actuaba con los medios que tenía: recorridos a pie, observación directa y reportes informales. Ahora opera con un dron, binoculares de largo alcance y tabletas que guardan una cartografía digitalizada del resguardo.

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(3) Integrantes de la comunidad frente a la kankurua kankuama, espacio espiritual y tradicional de encuentro, reflexión y transmisión del pensamiento colectivo. (4) Fruto de café. (5) Naires Arias. Las mujeres cumplen un papel central en el cuidado de las semillas, la producción de alimentos y la continuidad de los conocimientos agrícolas. (6 a-b-c-d) Semillas conservadas para su siembra, intercambio y reproducción.

Farith Fuentes, un líder indígena Kankuamo que desde niño aprendió de sus abuelos cómo debían ser cuidados los bosques, ríos y fauna de la Sierra Nevada de Santa Marta, explica que las áreas estratégicas han sido señalizadas físicamente en el territorio y los mapas fueron entregados a las instituciones educativas de las comunidades para que los niños crezcan sabiendo exactamente qué parte de su tierra está bajo protección y por qué.

La Sierra Nevada de Santa Marta alberga los territorios ancestrales de los pueblos Kankuamo, Arhuaco, Wiwa y Kogui, que comparten responsabilidades sobre su cuidado.

Las autoridades del Pueblo Kankuamo destinaron formalmente 2,800 hectáreas a la conservación, decisión que surgió de un proceso de gobernanza territorial propio orientado por los mamos (sabios espirituales) y avalado por las autoridades del cabildo, que definieron las directrices del proyecto antes de que comenzara cualquier actividad.

"Con la estrategia de seguimiento y monitoreo hemos visto que se han disminuido considerablemente las quemas, la tala en algunos casos, porque la biodiversidad estaba muy sensible, había muchos incendios”, cuenta Farith. "Hoy estamos viendo que existe una reducción de eso, también acompañada por la estrategia de educación de escuelas ambientales que hemos incorporado."

La reducción de incendios es un indicador más que importante para el territorio Kankuamo, pues los bosques secos tropicales son especialmente vulnerables al fuego en la época de sequía. Durante años, esa vulnerabilidad se sumó a la presión humana y actividades extractivistas que aceleraron la pérdida de cobertura arbórea.

El bosque seco tropical es uno de los ecosistemas más amenazados de Colombia y conserva menos del 10% de su cobertura original.

Farith explica que la soberanía alimentaria es el segundo pilar de este proyecto y el más tangible. Cien parcelas agroforestales fueron establecidas para cien familias kankuamas, con las mujeres como beneficiarias principales. En cada una crecen árboles maderables de cedro junto al mango, la guanábana, la yuca, el plátano, el fríjol y el maíz. Estos son sistemas diversificados que imitan, en escala doméstica, la lógica y los procesos naturales del bosque. Las primeras cosechas de maíz y fríjol, ajustadas al calendario lunar, llegaron en noviembre y la producción agroalimentaria de estas familias aumentó al menos un 30%.

El corazón de ese componente es la Casa de Custodia, donde se guardan los dos Bancos de Semillas Nativas y Criollas que el proyecto estableció. Allí, semillas de maíz, frijol, calabaza, ñame y plátano, que son propias del territorio, se clasifican, conservan y distribuyen entre las familias. El sistema funciona a través del trueque: quien recibe semillas no paga con dinero, sino que devuelve semillas en la próxima cosecha. "Hoy el tener ese banco de semillas les está siendo útil a muchas familias que no sabían cómo obtener semillas de acá del mismo territorio”, añade Farith.

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(12) Las parcelas agroforestales ofrecen una alternativa productiva ante la pérdida de vegetación, reduciendo la presión sobre las áreas de conservación. (13) Aguacate. (14 a-b) El plátano es uno de los alimentos que sostiene la dieta cotidiana y complementa la producción de maíz, frijol, yuca, frutas y otros cultivos. (15 a-b) Naires Arias recolecta hojas de plátano. (16) La producción de las parcelas llega a la cocina familiar, donde los cultivos propios sostienen la dieta cotidiana y reducen la dependencia de alimentos externos.

Esa economía circular de semillas es, en el fondo, un archivo vivo. Cada variedad preservada es información genética que no se puede recuperar una vez perdida, y también es memoria de prácticas agrícolas que saben cómo relacionarse con el suelo de la Sierra Nevada.

El Pueblo Kankuamo destinó 2,800 hectáreas de su resguardo a la conservación mediante acuerdos definidos por sus propias autoridades tradicionales.

A este esfuerzo se suma la conexión del territorio con los mercados. Bajo la marca ANCHUKU (concepto que hace referencia a un espíritu protector o una energía ancestral), el pueblo Kankuamo trabajó en dos productos con valor agregado elaborados con alimentos propios: el suplemento alimentario Kankunche para niños y adultos, y un suplemento alimenticio para peces, que ya han sido comercializados en mercados locales. Estos son productos que reflejan la identidad del territorio y generan ingresos que circulan en la economía comunitaria.

Este encadenamiento productivo de la semilla a la parcela, de la parcela al producto transformado y del producto al mercado es la mayor apuesta del Resguardo Kankuamo a largo plazo. Farith es claro al decir que los cambios más duraderos no se pueden medir en ventas, sino en la capacidad de tomar decisiones propias sobre el territorio: "Gracias a este proyecto se dejaron planteadas en el escenario de fortalecimiento organizativo de la comisión las acciones para la delimitación territorial que buscan guardar los recursos hídricos".

El Pueblo Kankuamo carga con una historia reciente marcada por la violencia. El conflicto armado que azotó el resguardo entre los años 80 y la primera década del 2000 dejó más de 300 muertos y desplazó a más del 40% de su población, según información de la Unidad de investigación ‘Hacemos Memoria’ de la Universidad de Antioquia. En 2009, la Corte Constitucional de Colombia lo incluyó entre los pueblos en riesgo de exterminio físico y cultural, por lo que un proyecto de planificación territorial, bancos de semillas, monitoreo con drones y una marca propia de productos hablan mucho sobre la recuperación de un pueblo que aprendió a organizarse en condiciones extremas.

Cuando Farith habla de qué debería encontrarse en ese territorio dentro de diez años, la respuesta es precisa: "Que se siga contando cómo la sabiduría desde el escenario tradicional, espiritual y material se ha sostenido para conservar los bosques y cómo a través de nuevas tecnologías podemos potenciar ese valor ecológico y cultural. Que los jóvenes, mujeres, niños sean quienes tomen las decisiones más acertadas respecto a la conservación."

Con un dron sobre el bosque seco, semillas criollas en una casa de custodia y cien familias cosechando maíz con el calendario lunar. Es así como el Pueblo Kankuamo ha demostrado que no espera que llegue alguien a cuidar y conservar su tierra, sino que son ellos quienes llevan años haciéndolo por cuenta propia.

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(21) Huerta establecida como parte de la estrategia de soberanía alimentaria, orientada a diversificar la producción familiar y fortalecer el manejo sostenible del territorio.