6º Ciclo IPAF–FIDA (2022–2026)
ORGANIZACIÓN
Asociación de Liderazgo y Desarrollo en Madriz (ALDEMA)
BENEFICIARIOS DIRECTOS
75
BENEFICIARIOS inDIRECTOS
4000

El proyecto tiene como objetivo contribuir a la conservación y uso sostenible del bosque, el agua y la tierra, mediante la implementación de sistemas agroforestales que mejoren las condiciones de vida de las familias indígenas de las comunidades de Tilan, Mamel, Chaguinte, Las Minas y Matasano, ubicadas en la parte alta de Totogalpa, en el corredor seco de Nicaragua. Esta zona se caracteriza por su clima semiárido, suelos inclinados y fuentes de agua limitadas, lo que exige estrategias adaptativas de producción agrícola y conservación ambiental. Se contempla el apoyo a la producción agrícola mediante técnicas de conservación de suelo y agua, como barreras vivas y la elaboración de abonos orgánicos. Asimismo, se promoverá la creación de huertos familiares frutícolas, hortícolas y medicinales, fortaleciendo la seguridad alimentaria, la resiliencia ante la sequía y el aprovechamiento sostenible de los recursos naturales de la región.

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Huertos y bosques que resisten a la sequía
FotografíasFreidell Urbina M.
TEXTOAndrea Fajardo
Municipio de Totogalpa / Madriz / Nicaragua

En el municipio de Totogalpa, tierra del Pueblo Indígena Chorotega al norte de Nicaragua, las familias llevan años viendo cómo sus huertos se secan, sus parcelas dejan de producir y tienen que elegir entre usar el agua para cocinar o para regar sus cultivos. “Si tuviéramos las capacidades para reservar agua en tiempo de lluvia, la podríamos ocupar para nuestros huertos y tendríamos el alimento asegurado para nuestros hijos”. Esto lo dice Harold Carozo como un testimonio colectivo que algunas familias de Totogalpa le compartieron cuando fue a realizar labores de acompañamiento y coordinación como director de ALDEMA, una organización que trabaja con familias campesinas e indígenas en este territorio. 

Totogalpa es un municipio que forma parte del llamado Corredor Seco Centroamericano, una franja que abarca desde el sur mexicano hasta Panamá y que padece sequías recurrentes y lluvias extremas, con un impacto agravado por la pobreza y la degradación de los recursos naturales. Su población, de mayoría campesina e indígena, se extiende por zonas altas, medias y bajas que cambian de clima en pocos kilómetros, pero que comparten una misma vulnerabilidad: la falta de agua suficiente para sostener la producción de alimentos.

Con el acompañamiento del Foro Internacional de Mujeres Indígenas (FIMI) y el financiamiento del Fondo Internacional de Desarrollo Agrícola (FIDA), a través de su Fondo de Apoyo a los Pueblos Indígenas (IPAF), la organización ALDEMA implementó un proyecto de conservación y cosecha de agua en cinco comunidades de Totogalpa: Tilan, Mamel, El Chagüite, Las Minas y Matasano.

El proyecto inició formalmente en enero de 2024 con varios componentes: reforestación, huertos familiares y fortalecimiento comunitario. Pero al observar con atención el territorio y las necesidades de las familias, terminó por organizarse alrededor de un problema más básico: cómo producir alimentos en un lugar donde el agua no está garantizada.

Antes de cualquier intervención, las señales eran visibles. En las comunidades de la parte media de Totogalpa, donde el calor es más intenso, la dieta familiar estaba incompleta.

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(3) Don Juan Landero siembra árboles en su parcela para recuperar la cobertura forestal perdida. (4 a-b) Los ecosistemas locales son reservorios de biodiversidad y guardianes de las fuentes de agua que abastecen a las comunidades. (5) El cultivo de café de sombra protege al suelo de la erosión y diversifica la producción familiar. (6 a-b) Las hormigas, insectos y diversos organismos reciclan los nutrientes, manteniendo el suelo fértil. (7 a-b-c-d-e) La canavalia y el frijol terciopelo son leguminosas que sustituyen fertilizantes químicos. Crean una cobertura térmica que retiene humedad en suelos degradados. (8) Camino a las Minas de Cuje.

“Antes era raro ver que alguien tuviera una matita de un cultivo. En el caso de especies como el tomate, el chile tomatillo, la cebolla, cosas así, a veces es difícil para ellos poder adquirirlo en el momento porque tienen que ir hasta la ciudad. Entonces, con un huerto se les facilita sembrar estas especies en un espacio pequeño para poder alimentarse”, explica Denis Francisco Moceda, quien ha coordinado el proyecto de ALDEMA en el territorio.

Los pueblos Chorotega desarrollaron históricamente sistemas agrícolas adaptados a entornos de clima variable en el norte de Nicaragua.

Denis cuenta que la pérdida de cobertura forestal ha sido otro problema evidente, aunque con una causa menos visible desde fuera. No hay grandes empresas talando ni concesiones industriales en marcha, la deforestación responde más a una necesidad básica de las familias: ampliar la frontera agrícola para poder sembrar.

En comunidades como Las Minas, el impacto es extremo: entre el 80 y el 90 por ciento del territorio ha sido despojado de su cobertura forestal. El resultado es un paisaje que en invierno puede parecer fértil, cubierto de cultivos, pero que en verano se vuelve árido, expuesto, sin sombra ni retención de humedad.

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(9) La ubicación estratégica de las viviendas permite el manejo de los huertos familiares. (10 a-b-c) El mantenimiento del pozo asegura la supervivencia del vivero en tiempos de sequía. (11) Doris Sánchez y Juan Landero. (12) En el Corredor Seco, la infraestructura hídrica es indispensable para asegurar la soberanía alimentaria. (13 a-b-c) El agua del pozo se aprovecha para consumo propio, labores domésticas, la cocina y la preparación de abonos foliares orgánicos.

El proyecto impulsado por ALDEMA intentó revertir el problema sin juicios de valor ni sanciones a las comunidades. La reforestación se planteó como una práctica que podía integrarse a la vida diaria de las familias, priorizando especies nativas y árboles frutales que pudieran adaptarse a las condiciones locales y ofrecer beneficios directos como alimento o sombra.

En este trabajo, las comunidades identificaron árboles que ya existían en su entorno, recolectaron semillas y organizaron viveros comunitarios y familiares. Con esas plantas comenzaron a reforestar parcelas, caminos y espacios públicos que habían sido degradados. Dos años después, hay árboles pequeños que empiezan a modificar el entorno: generan sombra, retienen humedad y cambian el microclima en zonas específicas.

El municipio de Totogalpa forma parte del Corredor Seco Centroamericano, una región expuesta a sequías recurrentes y a los impactos del cambio climático.

Los huertos familiares han sido adaptados a las condiciones particulares de cada hogar. En lugar de imponer un único modelo, el equipo de ALDEMA optó por ajustar estas prácticas a la realidad de cada familia. Cuando el terreno era pequeño o demasiado inclinado, implementaron huertos aéreos y cultivos en recipientes reutilizados, que iban desde llantas hasta utensilios en desuso.

Esa lógica también se aplicó en el uso de semillas. En una de las comunidades, después de una cosecha favorable de maíz y por iniciativa propia, los productores organizaron un pequeño banco de semillas que ahora funciona como un sistema de préstamo e intercambio, donde los productores reciben semillas y devuelven una parte de su cosecha para mantener el ciclo.

(14 a-b-c) Doris Sánchez y su hija, Griselda Landero. Las mujeres participan en la producción, transformación y comercialización de alimentos locales, recuperando redes de trueque y venta local. (15) Los animales de traspatio son parte del tejido familiar. (16 a-b) El conocimiento de recetas tradicionales fortalece la autonomía del hogar y mantiene viva la memoria gastronómica. (17) Griselda Landero con su hija. (18) La diversidad de los viveros y huertos familiares garantiza una dieta equilibrada y fresca.

Las mujeres jugaron un papel central. No solo participaron en los huertos y en las actividades de reforestación, sino que comenzaron a transformar los productos para su venta en ferias locales. En esos espacios, han vendido alimentos procesados como encurtidos o preparaciones a base de hojas de yuca o calabaza.

No obstante, a medida que el proyecto avanzaba, reaparecía la misma limitante: la escasez de agua. Durante los meses de lluvia, las parcelas producían y los huertos podían sostenerse. Pero cuando llegaba el verano, la situación cambiaba. Sin sistemas de almacenamiento o distribución, solo algunas familias podían producir porque compraban recipientes para almacenar agua.

Esta experiencia llevó a una conclusión compartida por el equipo de ALDEMA y las comunidades: sin sistemas de cosecha y almacenamiento de agua, cualquier esfuerzo productivo es insuficiente. Por lo que ahora este es el objetivo central de ALDEMA y del municipio de Totogalpa para recuperar su autonomía y soberanía alimentaria.

Uno de los cambios más importantes que ha generado el proyecto ha sido la organización comunitaria. Al principio, las comunidades de Tilan, Mamel, El Chagüite, Las Minas y Matasano no contaban con estructuras claras de coordinación para este tipo de acciones. El proyecto de ALDEMA ayudó a consolidar liderazgos locales y establecer dinámicas de trabajo que facilitaron la comunicación y la toma de decisiones. Este tejido organizativo fue clave para sostener las actividades de conservación y para generar confianza entre las familias.

Harold y Denis comentan que, al finalizar el proyecto, saben que cumplieron con los objetivos principales, pero varias preguntas quedaron abiertas. Una de ellas tiene que ver con la continuidad, pues temen que las prácticas introducidas se debiliten; sobre todo aquellas que dependen de materiales y recursos que las familias no pueden obtener por sí solas. Tal es el caso de los sistemas de almacenamiento de agua o los insumos para procesar alimentos.

Harold es puntual al explicar que en contextos como el de Totogalpa, una intervención aislada no puede sostener cambios a largo plazo.

“Quedan muchas brechas en las comunidades, muchas desigualdades y muchas necesidades que con una intervención no podemos resolver”.

Sin embargo, también reconoce que entre las brechas quedan otras cosas buenas: árboles que empiezan a crecer en parcelas antes desnudas, huertos que algunas familias han logrado mantener, un banco de semillas que surgió sin planificación, redes de intercambio que se reactivaron. Pero queda, ante todo, una certeza que atraviesa toda la experiencia comunitaria de Totogalpa: garantizar el acceso al agua es asegurar su producción de alimentos y, por ende, sostener la vida.

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(23) Familia Landero. La organización social Chorotega está basada en familias extensas y comunidades interdependientes, con liderazgos locales que coordinan actividades productivas, conservación del bosque y gestión de recursos hídricos.

Baleu, Guaxpom La Calera, Mocohán / Alta Verapaz, Baja Verapaz / Guatemala
Las comunidades Maya Q’eqchi’ y Maya Poqomchi’ se encuentran en los municipios de San Cristóbal Verapaz y Tucurú, en el Departamento de Alta Verapaz, y el municipio de Purulhá en Baja Verapaz, ubicados en la Región Norte de Guatemala. El territorio es atravesado por la Sierra Madre y el entorno es predominantemente subtropical y montañoso. Las temperaturas oscilan entre los 16 - 22 °C.
ORGANIZACIÓN
Unión Verapacense de Organizaciones Campesinas (UVOC), Asociación Mujeres Mayas Comprometida con el Desarrollo de las Comunidades Indígenas y Campesinas (IXOQ MAYAJ)
PARTICIPANTES DIRECTOS
180
PARTICIPANTES inDIRECTOS
300

Priorizar los conocimientos ancestrales de las comunidades para la defensa y recuperación cosmogónica del territorio Maya Q’eqchi’ y Maya Poqomchi’. Realización del primer intercambio de experiencias a nivel ancestral y cosmogónico, con la participación de Autoridades del área Sur, Occidente, Altiplano y Norte de Guatemala. Construcción de huertas, viveros y parcelas demostrativas por parte del equipo técnico y de los participantes con el objetivo de mejorar la nutrición y consolidar la seguridad alimentaria de la región.

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