6º Ciclo IPAF–FIDA (2022–2026)
ORGANIZACIÓN
The Mulokot Foundation
BENEFICIARIOS DIRECTOS
720
BENEFICIARIOS inDIRECTOS
15000

El proyecto busca fortalecer la gestión y protección del territorio Wayana, promoviendo la conservación ecológica y la preservación de saberes y prácticas culturales ancestrales. Se implementarán estrategias de manejo sostenible de recursos naturales, cuidado de sitios sagrados y ceremoniales, intercambio de conocimientos Wayana, gestión del agua y desarrollo económico comunitario, con especial énfasis en la participación de mujeres y jóvenes. Con estas acciones, se busca garantizar la gobernanza indígena, la resiliencia del territorio y la continuidad cultural del pueblo Wayana.

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La selva como archivo
FotografíasMeredith Joeroeja
TEXTOAndrea Fajardo
Distrito de Sipaliwini / Surinam

En la aldea de Apetina, al sur-oriental de Surinam, la vida cotidiana del Pueblo Indígena Wayana depende casi por completo de la selva que les rodea. Apetina se encuentra sobre suaves colinas a lo largo del río Tapanahony, en un país donde los pueblos indígenas no cuentan con reconocimiento legal de sus territorios ni con un marco jurídico que garantice sus derechos colectivos sobre la tierra. 

La dependencia de la selva y de los ríos para las personas que viven en Apetina es, más bien, algo común a todas las aldeas y comunidades que conforman el Escudo Guayanés en Surinam. El Pueblo Wayana, en particular, vive en comunidades ubicadas a lo largo de los ríos Lawa, Litani, Oelemari y la parte superior del río Tapanahony, un área que abarca al menos 2,4 millones de hectáreas.

En Surinam existen alrededor de 900 personas Wayana que realizan actividades de caza, pesca, siembra de yuca y otros cultivos en sus tierras. Hablan su propio idioma; tienen sus propias tradiciones orales, prácticas culturales y cosmogonía, a pesar de la creciente aculturación en los últimos años. Como una forma de autodefensa y preservación del conocimiento, en 2018 fundaron su propia organización indígena llamada Mulokot, con un equipo compuesto casi en su totalidad por personas Wayana.

Con el acompañamiento del Foro Internacional de Mujeres Indígenas (FIMI) y el financiamiento del Fondo Internacional de Desarrollo Agrícola (FIDA), a través de su Fondo de Apoyo a los Pueblos Indígenas (IPAF), esta organización ha creado una estrategia que combina herramientas tecnológicas con conocimiento directo del territorio para obtener información y datos que les ayuden a combatir la desinformación sobre el Pueblo Wayana en Surinam. Aylin Díaz, encargada del área financiera en Mulokot, explica que el proyecto incluye desde formularios digitales para registrar nacimientos y muertes hasta cámaras trampa para monitorear la fauna, grabadoras de audio para identificar aves y mapas construidos por las propias comunidades.

Según datos de Navegador Indígena, el Estado surinamés no cuenta con información detallada sobre los pueblos indígenas que habitan el sur del país y tampoco ha reconocido su derecho a la autodeterminación. “Nuestro gobierno ni siquiera tiene los mapas de este territorio. No conocen los diferentes ríos, los diferentes arroyos. Tienen imágenes satelitales, pero eso es todo”, señala André Verhoogt, director general de Mulokot, que además funge como enlace de la organización con agentes externos y donantes.

Ante la falta de datos, el proyecto de Mulokot comenzó como un esfuerzo de demarcación territorial impulsado por líderes del Pueblo Wayana en el distrito de Sipaliwini, pero pronto se amplió a un sistema más complejo que integra información ambiental, social y cultural en un mismo espacio de análisis. Ese sistema, que André describe como un tablero de control, les ha permitido cruzar variables como la calidad del agua, la presencia de peces, los cambios en las lluvias o la temperatura, con el objetivo de identificar tendencias y anticipar problemas.

El Pueblo Wayana habita un territorio de aproximadamente 2.4 millones de hectáreas en la región del Escudo Guayanés, una de las áreas de mayor biodiversidad del planeta.

La consigna detrás del proyecto es que sin información sistematizada, no es posible defender el territorio ni sostener argumentos frente a actores externos, ya sean estatales o privados. En ese sentido, el monitoreo es una herramienta política que busca posicionar a los Wayana como interlocutores informados en un contexto que, históricamente, los ha desplazado.

En Kawemhakan, una de las aldeas donde trabaja Mulokot, pruebas recientes de agua revelaron altos niveles de contaminación, lo que obligó a varias familias a desplazarse cada vez más lejos para pescar y cazar. Este fenómeno está directamente vinculado a la expansión de la minería de oro en la región que también se asocia al uso de mercurio, una sustancia altamente tóxica que se acumula en ríos y organismos vivos. Aunque estos datos requieren verificación independiente, coinciden con una tendencia regional que el ecólogo y profesor Timothy J. Killeen explica en Los impactos ambientales y sociales de la minería de oro en la Panamazonía: la minería aurífera en esta región genera impactos ambientales severos que afectan la vida y la salud de sus habitantes.

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(5) El plátano o paruru es un cultivo introducido y asimilado a los sistemas tradicionales de tala y quema. (6) Las mujeres son el pilar de la organización social y las principales guardianas de la lengua Wayana. (7 a-b-c-d) La cassava amarga, o uwi, exige un complejo proceso de transformación que elimina el cianuro natural de la planta para producir diversos alimentos y la bebida ceremonial llamada Kasiri. (8) El hehe es una tecnología de tejido para procesar la harina de uwi. Su fabricación requiere un conocimiento profundo de las fibras del bosque y de la geometría tradicional.

Ser el único país sudamericano que no reconoce jurídicamente los derechos colectivos a la tierra y a los territorios, con base en la legislación colonial, ha facilitado que el Estado surinamés otorgue concesiones mineras dentro de áreas habitadas por pueblos como el Trio o el Wayana. Esto ha generado conflictos recurrentes con agentes externos y ha limitado la capacidad de las comunidades para proteger su territorio. En este contexto, Mulokot ha buscado adelantarse a los procesos formales de reconocimiento. La estrategia es producir evidencia antes de que el Estado intervenga, de modo que cualquier negociación futura parta de información generada por las mismas comunidades.

La implementación de esta estrategia, sin embargo, enfrenta varios obstáculos. El primero y más importante es el financiamiento. Según explica Aylin, muchos de los donantes no comprenden los costos reales de trabajar en territorios tan alejados y de difícil acceso, donde llegar implica viajes en avioneta o recorridos en río por varios días, y donde implementar cualquier sistema de organización y monitoreo requiere actualizaciones constantes, presencia en el territorio y una participación comunitaria sostenida.

Pero a pesar de las limitaciones, el proyecto mantiene un principio vital: las actividades de monitoreo, las expediciones y la recolección de datos se deben realizar siempre con los habitantes del Pueblo Wayana. Uno de los objetivos a mediano plazo es formar equipos locales que puedan asumir esas tareas de manera permanente. “¿Por qué vamos a traer a personas de afuera si los Wayana pueden hacerlo por su cuenta?”, plantea André, subrayando que el conocimiento pleno de este territorio es algo que solo le pertenece al Pueblo Wayana y que debe fortalecerse.

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(9) La expansión de concesiones mineras en áreas habitadas ha desplazado a las familias Wayana hacia zonas más remotas para realizar actividades de caza y pesca. (10) Wama, o hamaca de algodón. (11 a-b-c-d) Maluana, un disco de madera de ceiba decorado con pigmentos naturales que refleja la cosmogonía Wayana y los seres que protegen a la comunidad. (12 a-b-c) La elaboración de tejidos es una actividad económica y social que refuerza la identidad colectiva. (13) La documentación de técnicas de amarre y tensión con fibras naturales es vital para la transmisión del conocimiento.

El proyecto también incluye un componente de documentación y transmisión de conocimientos tradicionales, que busca registrar la lengua, los tejidos, la artesanía y los saberes ancestrales antes de su pérdida total. André explica que ya han producido materiales audiovisuales accesibles en línea, orientados principalmente a jóvenes que crecen en un contexto de transición, donde conviven elementos de la vida tradicional con nuevas tecnologías. Mulokot también funciona como un espacio de articulación entre generaciones, donde el conocimiento de los mayores se documenta y se pone en circulación a través de herramientas digitales.

Los mapas, registros comunitarios y monitoreos ambientales fortalecen la defensa del territorio y los derechos colectivos.

De acuerdo con el relato de una mujer Wayana de la aldea Apetina, para este pueblo la selva es como una infraestructura vital: es la fuente de alimentos, medicinas, materiales para las artesanías y también de sentido espiritual. “Para nosotros, la selva lo es todo. El dinero no puede comprar nada de lo que tenemos aquí. No necesitamos concesiones ni mineros de oro. Necesitamos la selva para sobrevivir”, detalla André al revivir la conversación que tuvo con esta mujer hace un año y medio en Apetina.

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(14) El monitoreo hídrico genera evidencia técnica que permite denunciar el impacto de la minería ilegal con base en registros científicos propios. (15 a-b) El registro visual y sonoro de flora y fauna permite identificar especies y documentar el estado de conservación del territorio. (16 a-b) La construcción de embarcaciones propias garantiza la movilidad y autonomía de las aldeas. (17) El liderazgo tradicional coordina la resistencia política y cultural para blindar la selva frente al avance del extractivismo. (18) La formación cultural y política comienza desde la infancia para que las nuevas generaciones asuman el manejo permanente de las herramientas de monitoreo.

También menciona que ese rechazo por parte del Pueblo Wayana no implica un aislamiento absoluto, sino una elección consciente sobre qué tipo de cambios aceptar y cómo hacerlo. Las comunidades Wayanas no buscan construir carreteras ni una integración plena al modelo económico dominante, porque saben que esa infraestructura facilita el ingreso de actividades extractivas. En cambio, aspiran a mantener su forma de vida con algunas adaptaciones, como el uso de teléfonos celulares o herramientas digitales bajo sus propios términos.

“Para nosotros, la selva lo es todo. El dinero no puede comprar nada de lo que tenemos aquí.”

El horizonte que describen es, en palabras de André, la posibilidad de que el territorio Wayana siga existiendo en las mismas condiciones dentro de doscientos o trescientos años, que las mineras desaparezcan en las próximas décadas y que las decisiones sobre el uso de sus tierras permanezcan en sus manos. Para llegar a eso, en un país que aún no los reconoce, los Wayana han optado por empezar a producir conocimiento sobre sí mismos; hacer un registro propio, sistemático y verificable de cómo viven y quiénes son.

Baleu, Guaxpom La Calera, Mocohán / Alta Verapaz, Baja Verapaz / Guatemala
Las comunidades Maya Q’eqchi’ y Maya Poqomchi’ se encuentran en los municipios de San Cristóbal Verapaz y Tucurú, en el Departamento de Alta Verapaz, y el municipio de Purulhá en Baja Verapaz, ubicados en la Región Norte de Guatemala. El territorio es atravesado por la Sierra Madre y el entorno es predominantemente subtropical y montañoso. Las temperaturas oscilan entre los 16 - 22 °C.
6º Ciclo IPAF–FIDA (2022–2026)
ORGANIZACIÓN
Unión Verapacense de Organizaciones Campesinas (UVOC), Asociación Mujeres Mayas Comprometida con el Desarrollo de las Comunidades Indígenas y Campesinas (IXOQ MAYAJ)
PARTICIPANTES DIRECTOS
180
PARTICIPANTES inDIRECTOS
300

Priorizar los conocimientos ancestrales de las comunidades para la defensa y recuperación cosmogónica del territorio Maya Q’eqchi’ y Maya Poqomchi’. Realización del primer intercambio de experiencias a nivel ancestral y cosmogónico, con la participación de Autoridades del área Sur, Occidente, Altiplano y Norte de Guatemala. Construcción de huertas, viveros y parcelas demostrativas por parte del equipo técnico y de los participantes con el objetivo de mejorar la nutrición y consolidar la seguridad alimentaria de la región.

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