6º Ciclo IPAF–FIDA (2022–2026)
ORGANIZACIÓN
Centro de Estudios Multidisciplinarios Aymara (CEM-Aymara)
BENEFICIARIOS DIRECTOS
500
BENEFICIARIOS inDIRECTOS
900

El proyecto tiene como objetivo promover y fortalecer los conocimientos tradicionales relacionados con el cuidado de las llamas frente al cambio climático. Busca consolidar la medicina tradicional aplicada a la salud de los camélidos, fortaleciendo el rol de las mujeres indígenas como curanderas y médicas tradicionales. Asimismo, el proyecto apunta al fortalecimiento de las autoridades indígenas y de la gobernanza comunitaria, asegurando la transmisión y preservación de saberes ancestrales asociados tanto a la salud animal como a la organización y liderazgo dentro de la comunidad.

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Los saberes de las llamas
FotografíasWara Vargas Lara
TEXTOAndrea Fajardo
Comunidad Corque Marka y Ayllus del Norte de Potosí / Oruro y Potosí / Bolivia

Una mujer Aymara de Corque Marka, en Bolivia, puede identificar cuando una llama está enferma antes que cualquier veterinario formado en medicina occidental. Se da cuenta por la forma del caminar del animal, por cómo mueve la cabeza, por si toma del agua estancada cuando ya no hay otra fuente limpia, pues es difícil que las llamas tomen agua contaminada. Así lo explica María Eugenia Choque Quispe, una mujer del Pueblo Aymara que coordina el Centro de Estudios Multidisciplinarios Aymara (CEM) en la comunidad Corque Marka, a 90 kilómetros de la ciudad de Oruro, y en los Ayllus al norte de Potosí. 

La población de Corque Marka es de origen Aymara y la mayor parte es bilingüe en aymara-castellano. El territorio se organiza en 14 Ayllus (familias) pertenecientes a la Nación Jacha Karangas de Bolivia. Por otro lado, el norte de Potosí es una región históricamente Quechua, caracterizada por la presencia de comunidades mineras y un trilingüismo aymara-quechua-castellano. En ambos territorios la llama ha sido, por siglos, un animal de crianza, pero también un eje económico, espiritual y social del Pueblo Aymara.

"La gente, el pueblo, se caracteriza por ser llameros y llameras. La llama les sustenta económicamente y es un intermediario de relación entre la madre naturaleza y los pueblos indígenas", explica María Eugenia. Las familias aquí viven de las llamas; también se relacionan con ellas como parte de un sistema más amplio que incluye la tierra, las prácticas culturales y las formas de autoridad. Las familias de Corque Marka tienen un promedio entre 100 y 350 cabezas.

El altiplano andino alberga la mayor población de llamas del mundo y ha sido uno de los principales centros de domesticación y crianza durante miles de años.

En Bolivia se estima que hay más de 2 millones de llamas a nivel nacional, lo que representa el 62,5% de la población mundial de esta especie. El departamento de Oruro concentra la mayor parte del rebaño total del país y la crianza de camélidos es una actividad extendida en todo el altiplano. Actividades mineras en el territorio, tanto legales como ilegales, están contaminando ríos y suelos con metales pesados como arsénico, cadmio y plomo. A esto se suman la migración forzada de jóvenes, la crisis económica y la falta de oportunidades, los conflictos por el territorio y los impactos del cambio climático, como las principales amenazas que enfrenta el Pueblo Aymara en la comunidad Corque Marka y los Ayllus del Norte de Potosí.

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(2) Leonor Paco de Zubieta liderando el ritual de la K’illpha. (3 a-b-c) Pascual Paco, Manuel Zubieta y Leonor Paco de Zubieta ayudando a elaborar los adornos, llamados chimpus. (4) Colocar los chimpus en las orejas de las llamas es una parte central del ritual. (5) Leonor Paco de Zubieta sostiene el sahumerio con el que pide permiso a la Pachamama para iniciar el ritual. (6) Juliane Choque Zubieta. (7) Una llama sujetada para colocar los chimpus. (8) El corte de lanas permite realizar un censo ritual del ganado, identificando con precisión la cantidad de machos y hembras en el rebaño. (9) Pascual Paco, Paola Paco y Facundo Choque Yavi. (10) El ritual de la K’illpha ayuda a fortalecer la productividad de los alimentos y asegurar la reproducción y protección del ganado.

Al ser un método de resistencia comunitaria, el conocimiento del cuidado y la salud de las llamas es bastante exclusivo. Está vinculado a prácticas culturales, ciclos rituales y formas de organización del territorio Aymara que tienen raíces profundas en la historia andina. Las personas con mayor especialización son qulliris, yatiris o curanderas y tienen experiencia plena en el uso de plantas medicinales, tanto para la curación de los animales como para la de los humanos.

María Eugenia explica que muchas plantas, como la chillka, son utilizadas por las curanderas para tratamientos de infecciones, fracturas o afecciones en la piel de las llamas y son curadas mediante infusiones, baños o aplicaciones directas. El conocimiento sobre la dosificación, las combinaciones y los momentos adecuados de uso no se comparte abiertamente. Las propias curanderas han establecido límites sobre lo que puede difundirse y lo que no, por una necesidad de proteger estos saberes como propiedad colectiva.

Actualmente, ese conocimiento está bajo presión desde dos frentes que afectan a la crianza. El primero es el cambio climático. María Eugenia cuenta que "cada vez hay menos agua y las condiciones del territorio han cambiado. Las llamas tienen que recorrer distancias más largas para encontrar agua y pasto; esto las desgasta y hace que se enfermen". Cuando el agua disponible es de mala calidad (por ejemplo, en pozas estancadas), las llamas contraen infecciones asociadas a microorganismos.

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(11) Vista panorámica del corral de llamas de la familia Zubieta en las tierras de la Comunidad de Cuyundani. (12) Alfredo Quispe Niña recoge leña para la preparación de la comida comunitaria. (13) La crianza de llamas sostiene la economía familiar en el altiplano. (14) El ritual de la K’illpha refuerza los vínculos comunitarios y el respeto por el ciclo de vida de los animales. (15) Sopa de oveja preparada por la familia Zubieta. (16) Phisara de quinua, un plato tradicional que se comparte durante el ritual. (17) Lucas Zubieta identifica a sus llamas.

Por otro lado, la sequedad del suelo ha lastimado sus patas, que requieren humedad constante para mantenerse en buen estado. A esto se suman dinámicas estacionales que agravan la situación, como el encierro prolongado de llamas en corrales durante la época de frío, donde el contagio de enfermedades aumenta.

Los Ayllus articulan la vida comunitaria mediante principios de reciprocidad, trabajo colectivo y relación con el territorio.

El segundo frente es generacional y educativo. En instituciones de formación técnica, como aquellas dedicadas a la medicina veterinaria, los saberes tradicionales no tienen lugar en la currícula. Los docentes, en muchos casos provenientes de contextos urbanos, priorizan contenidos académicos que no dialogan con las prácticas locales. Los niños que aún viven en estrecha relación con sus familias conservan el conocimiento sobre el cuidado de las llamas y el uso de la lengua Aymara, pero los jóvenes que avanzan a la educación superior van perdiendo este vínculo.

Es en ese cruce del territorio que cambia y el conocimiento que se diluye, donde interviene el CEM Aymara. Con el acompañamiento del Foro Internacional de Mujeres Indígenas (FIMI) y el financiamiento del Fondo Internacional de Desarrollo Agrícola (FIDA), a través de su Fondo de Apoyo a los Pueblos Indígenas (IPAF), esta organización implementó un proyecto de recuperación de medicina ancestral, con el cual organizó una serie de talleres para identificar plantas y compartir experiencias de curación. El objetivo era documentar el conocimiento que ya tienen las mujeres del Pueblo Aymara, para que pueda circular, reforzarse y adaptarse a nuevas condiciones en el territorio.

Durante la K’illpha, las llamas son celebradas como parte fundamental de la vida espiritual y comunitaria Aymara.

María Eugenia explica que las prácticas de curación de las llamas también están atravesadas por prácticas rituales. Antes de recolectar plantas o preparar medicamentos, las comunidades realizan ofrendas. En la época de carnaval, por ejemplo, hacen el ritual de la K'illpha, donde la llama adquiere el mismo significado simbólico que la Madre Tierra: se le dedican canciones y se le celebra como una deidad de protección. La eficacia de los tratamientos médicos de curación está vinculada a una relación con la naturaleza y con lo sagrado.

Para documentar este conocimiento, desde la curación hasta el significado ritual, el CEM Aymara ha apostado por el uso de formatos audiovisuales que registran esas experiencias. Los videos documentan cada etapa: en qué épocas del año se recogen las plantas, cuál es la ofrenda ritual que antecede al preparado, cómo se recorre el territorio con las llamas durante la curación. “Son videos cortos, hechos para que la gente pueda verlos, y también como una forma de archivo de ciencia para los jóvenes", dice María Eugenia. Sin embargo, no toda la información puede aparecer en el registro en pantalla. Son las curanderas quienes autorizan qué se muestra y qué no.

Cuando una llama enferma, un conjunto de relaciones que sostienen la vida en el altiplano se ve afectado. Por eso, el trabajo del CEM Aymara no se limita a curar animales, sino que fortalece la capacidad de las comunidades y cuida la vida desde sus propios saberes, desde su propia mirada del mundo. Cuidar a las llamas es, en realidad, un acto profundo de resistencia y continuidad. Mantiene vivo un sistema que, pese a las amenazas externas, sigue latiendo y sostiene la economía, la cultura y el vínculo sagrado con la tierra.

Baleu, Guaxpom La Calera, Mocohán / Alta Verapaz, Baja Verapaz / Guatemala
Las comunidades Maya Q’eqchi’ y Maya Poqomchi’ se encuentran en los municipios de San Cristóbal Verapaz y Tucurú, en el Departamento de Alta Verapaz, y el municipio de Purulhá en Baja Verapaz, ubicados en la Región Norte de Guatemala. El territorio es atravesado por la Sierra Madre y el entorno es predominantemente subtropical y montañoso. Las temperaturas oscilan entre los 16 - 22 °C.
ORGANIZACIÓN
Unión Verapacense de Organizaciones Campesinas (UVOC), Asociación Mujeres Mayas Comprometida con el Desarrollo de las Comunidades Indígenas y Campesinas (IXOQ MAYAJ)
PARTICIPANTES DIRECTOS
180
PARTICIPANTES inDIRECTOS
300

Priorizar los conocimientos ancestrales de las comunidades para la defensa y recuperación cosmogónica del territorio Maya Q’eqchi’ y Maya Poqomchi’. Realización del primer intercambio de experiencias a nivel ancestral y cosmogónico, con la participación de Autoridades del área Sur, Occidente, Altiplano y Norte de Guatemala. Construcción de huertas, viveros y parcelas demostrativas por parte del equipo técnico y de los participantes con el objetivo de mejorar la nutrición y consolidar la seguridad alimentaria de la región.

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