En las alturas de la región Apurímac, a unos 4 mil 200 metros sobre el nivel del mar, sobreviven tres camélidos: la alpaca, la llama y la vicuña (las dos primeras domésticas y la vicuña silvestre), que durante siglos han acompañado de cerca a las comunidades altoandinas de Perú. La región de Apurímac limita por el noreste con Cusco y es el quinto departamento menos extenso del país, alguna vez reconocido por la diversidad de alpacas de color.
Fue a mediados del siglo XX cuando el mercado internacional reforzó la exportación de la fibra de colores claros (mayormente el blanco), al ser una fibra más fácil de teñir y comercializar. Esto hizo que especies como los ‘yanapacos’ (alpacas negras) comenzaran a perderse. “Cuando el mercado pidió mejorar solo las alpacas blancas, se dejó perder las de color. Muchos machos de color con buena fibra eran eliminados y usados como carne; no se les daba otro valor”, explica Fodi Beatriz Huarcaya, una joven Quechua veterinaria de la comunidad de Iscahuaca, que se ubica a 170 km de Abancay, la capital de Apurímac.


