6º Ciclo IPAF–FIDA (2022–2026)
ORGANIZACIÓN
Centro de Investigación y Capacitación Campesina (CICCA)
BENEFICIARIOS DIRECTOS
80
BENEFICIARIOS inDIRECTOS
150

El proyecto promueve la recuperación de la alpaca de color en la comunidad de Iscahuaca mediante la formación y fortalecimiento de capacidades de los productores. Busca conservar la biodiversidad, el uso sostenible de los recursos naturales y la calidad ambiental, al tiempo que revaloriza prácticas ancestrales e impulsa la participación de mujeres y jóvenes, contribuyendo al desarrollo sostenible, la adaptación al cambio climático y la salud familiar.

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Preservar el color para el futuro
FotografíasFlorence Goupil
TEXTOAndrea Fajardo
Comunidad de Iscahuaca / Distrito de Cotaruse / Provincia de Aymaraes / Perú

En las alturas de la región Apurímac, a unos 4 mil 200 metros sobre el nivel del mar, sobreviven tres camélidos: la alpaca, la llama y la vicuña (las dos primeras domésticas y la vicuña silvestre), que durante siglos han acompañado de cerca a las comunidades altoandinas de Perú. La región de Apurímac limita por el noreste con Cusco y es el quinto departamento menos extenso del país, alguna vez reconocido por la diversidad de alpacas de color. 

Fue a mediados del siglo XX cuando el mercado internacional reforzó la exportación de la fibra de colores claros (mayormente el blanco), al ser una fibra más fácil de teñir y comercializar. Esto hizo que especies como los ‘yanapacos’ (alpacas negras) comenzaran a perderse. “Cuando el mercado pidió mejorar solo las alpacas blancas, se dejó perder las de color. Muchos machos de color con buena fibra eran eliminados y usados como carne; no se les daba otro valor”, explica Fodi Beatriz Huarcaya, una joven Quechua veterinaria de la comunidad de Iscahuaca, que se ubica a 170 km de Abancay, la capital de Apurímac.

A medida que las alpacas de color desaparecían, también se desdibujaba parte del vínculo que las comunidades criadoras tenían con los animales y su entorno. La crianza de alpacas respondía a un mercado distante, que poco tenía que ver con los ciclos de la tierra y de la vida en la montaña. En Iscahuaca, donde cada tono de lana es valorado como algo único e imposible de replicar, esta pérdida ha provocado la fractura del tejido comunitario. El cambio climático también ha agudizado este problema. Fodi explica que ha habido cambios significativos en los ciclos de la lluvia y las épocas de siembra. Ahora los pastos verdes duran menos y las alpacas, que dependen de ellos, mueren o abortan a sus crías.

Maxi Cavero Ludeña, director del Centro de Investigación y Capacitación Campesina (CICCA), cuenta que “antes las épocas de siembra eran muy marcadas; ahora no se sabe cuándo empezar. Puede llover y luego venir un veranillo que malogra la siembra”. En estas condiciones, las actividades que antes eran comunes para la comunidad ahora son casi inviables. Antes el proceso de la esquila para obtener fibra podía postergarse hasta que los animales fortalecieran su fibra, pero hoy debe adaptarse a ciclos más cortos para asegurar el ingreso económico de familias que dependen de esta actividad.

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(4) La región de Apurímac se encuentra a 4,200 metros sobre el nivel del mar. (5) Diosinia Cuaresma, mujer alpaquera, hila la lana gris con una Pushka. (6) Flavio Condori prepara una alpaca para la trasquila. (7) Wilber Llacta. (8) Los alpaqueros realizan inspecciones sanitarias periódicas para identificar ejemplares aptos para la trasquila. (9) Dionisia Cuaresma en medio de su rebaño. (10) La recuperación de alpacas de color busca revertir décadas de selección orientada al mercado.

Con el acompañamiento del Foro Internacional de Mujeres Indígenas (FIMI) y el financiamiento del Fondo Internacional de Desarrollo Agrícola (FIDA), a través de su Fondo de Apoyo a los Pueblos Indígenas (IPAF), el CICCA ha desarrollado un proyecto de conservación, gestión y recuperación de la crianza de alpacas de color desde 2024 en la comunidad de Iscahuaca. El proyecto combina infraestructura, conocimiento y acompañamiento técnico para recuperar la diversidad de alpacas en armonía con el ecosistema que habitan estos animales.

Las alpacas de color poseen tonalidades naturales únicas que históricamente fueron desplazadas por la demanda internacional de fibra blanca.

Han acompañado a distintas familias en la construcción de ccochas artesanales: pequeños reservorios o lagunas artificiales utilizados para la captación y retención del agua de lluvia. También han colocado zanjas de infiltración para evitar la erosión y cercos para proteger los pastos. Hasta el momento se han levantado seis ccochas, algunas replicadas por iniciativa propia de las familias. A su vez, han realizado capacitaciones técnicas con jóvenes de la comunidad para el empadre o apareamiento controlado de alpacas y la mejora de praderas naturales.

En paralelo, han impulsado un programa de mejoramiento genético mediante la adquisición de machos de color con fibra fina y la selección de hembras sin defectos congénitos. Con un registro riguroso, cada familia ha aprendido a documentar genealogías, aplicar tratamientos veterinarios y acompañar nacimientos. “Esta forma de organización es un avance muy importante, porque hace que podamos recuperar a los animales de una manera ecológica para hacer prendas únicas y naturales sin teñido”, explica Fodi.

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(11) Un rebaño de alpacas de distintos colores pastando en las alturas de Iscahuaca. (12) Eusebia Huanacchire en su cocina de barro. (13) Detalle de una Pushka, instrumento usado para hilar la lana de alpaca. (14) Detalle de las heces de alpacas que se usan para alimentar el fuego de las cocinas. (15) Wilber Llacta recoge la carne de alpaca, conocida como Charqui. (16) Cabaña de la familia Llacta. (17) Cercos instalados para ordenar las áreas de pastoreo y conservar la calidad del pasto durante las distintas temporadas. (18) Eusebia Huanacchire hilando lana gris con una Pushka. (19) Charqui secándose al sol sobre las piedras.

Uno de los retos que han enfrentado para ejecutar este proyecto es la religión que se practica en la comunidad. Creencias ligadas al cristianismo han dificultado la recuperación de tradiciones indígenas del Pueblo Quechua, como los rituales para la prosperidad durante la crianza de alpacas. Fodi viene de una familia de criadores y ha visto de cerca rituales como la “Tinka de alpaca”, que se realiza en el mes de febrero cuando termina el periodo de nacimientos.

La crianza de alpacas combina conocimientos tradicionales y manejo técnico para fortalecer la calidad de la fibra y la diversidad genética.

Este ritual consiste en hacer una ofrenda que incluye hojas de coca, sebo de alpaca o llama, incienso y maíz. Se forman pequeñas llamas con maíz de distintos colores, según lo que se desea para la crianza. Se sirve primero a la Pachamama (Madre Tierra) y después a los Apus o cerros guardianes. A las crías (y a veces a todo el rebaño) se les hace una marcación con cortes leves en las orejas, y se les adorna con cintas de colores que representan la prosperidad. Este gesto, más que religioso, es un recordatorio para el Pueblo Quechua del vínculo que debe tener la comunidad con la crianza de alpacas y con su entorno natural.

En Iscahuaca también se practica el Ayni, que es el trabajo recíproco entre vecinos, y la Minka: la organización comunal para arreglar caminos, hacer tareas agrícolas y ayudar a familias necesitadas. “Son costumbres ancestrales que queremos que se sigan manteniendo, porque ahora la mano de obra allá arriba es muy escasa. Pero si se apoyan entre ellos, esto va a perdurar”, agrega Fodi.

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(20 a-b-c) Wilber Llacta y Flavio Condori recuperan la lana de distintos colores después de trasquilar a las alpacas. (21 a-b-c-d) Los criaderos quechuas de Iscahuaca realizan la trasquila artesanal, técnica que permite clasificar la fibra desde el origen. (22) Detalle de cuerdas de colores atadas, llamadas Ch’impu.

La mayoría de estas actividades también se han visto afectadas por la migración de los jóvenes a las grandes ciudades o su preferencia por el trabajo en la minería informal. Maxi argumenta que “gran parte de los jóvenes, tanto varones como mujeres, quieren irse a trabajar con las mineras grandes porque les dan un ingreso más fácil y rápido”. Desde la organización, les sugirieron que una parte de sus ganancias en la minería la inviertan en la crianza de alpacas y la compra de mejores animales. Esta insistencia ha dado resultados y ha hecho que la crianza vuelva a ser una posibilidad de vida en Iscahuaca.

Prácticas ancestrales como el Ayni (trabajo recíproco) y la Minka (cooperación comunitaria) continúan siendo fundamentales para la vida colectiva en los Andes.

“Hemos recuperado el interés de jóvenes y la participación de las mujeres”, explica Fodi, mientras cuenta que incluso aquellos que se habían marchado a otras actividades están regresando para hacerse cargo de sus animales.

El proyecto impulsado por CICCA también ha fortalecido otras capacidades en la comunidad. Jóvenes que nunca habían manejado un botiquín veterinario hoy administran medicamentos, ayudan a controlar nacimientos y ajustan los ciclos de crianza en función del clima. Las familias alternan entre el manejo técnico (registros, suplementación) y las prácticas colectivas de siempre: pastorear al amanecer, monitorear los bofedales (humedales de alta montaña) y compartir el trabajo comunal.

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(23) Las vicuñas son camélidos silvestres que comparten el territorio con los rebaños de alpacas. (24 a-b-c-d) Alpaca café rojiza, beige, negra y gris. (25) Rebaño de alpacas hembras. (26 a-b-c-d) El cuidado de las alpacas abarca desde la protección de las crías hasta la etapa adulta. La crianza sostenible ofrece una alternativa económica frente a la migración y actividades extractivas. (27) Una alpaca negra y su cría en las alturas de Iscahuaca.

Mirando hacia el futuro, Maxi y Fodi coinciden en un objetivo: consolidar un plantel de alpacas de color mejoradas. Esperan el nacimiento de las nuevas crías, la selección de las mejores y la obtención de animales con fibra fina que puedan venderse a buen precio o transformarse en hilos y prendas ecológicas. “El mejoramiento genético toma tiempo”, recuerda Fodi. “Lo que estamos haciendo ahora es poner los cimientos”.

Para las comunidades altoandinas, cuidar a las alpacas de color es una estrategia de seguridad cultural, ecológica y alimentaria. La fibra ofrece ingresos; la carne, que es de bajo colesterol, complementa la dieta; y la actividad, profundamente ligada a la identidad Quechua, ofrece una ruta para que los jóvenes permanezcan en su territorio sin renunciar a un futuro digno.

En un escenario global marcado por la crisis climática, la pérdida de biodiversidad y las presiones extractivas en territorios indígenas, las familias de Iscahuaca siguen criando y preservando el color: un gesto pequeño, pero suficiente para que su mundo no desaparezca.

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(28) Una vicuña recién nacida. Su presencia en las zonas de pastoreo de Iscahuaca evidencia los esfuerzos de conservación y protección del ecosistema andino.

Baleu, Guaxpom La Calera, Mocohán / Alta Verapaz, Baja Verapaz / Guatemala
Las comunidades Maya Q’eqchi’ y Maya Poqomchi’ se encuentran en los municipios de San Cristóbal Verapaz y Tucurú, en el Departamento de Alta Verapaz, y el municipio de Purulhá en Baja Verapaz, ubicados en la Región Norte de Guatemala. El territorio es atravesado por la Sierra Madre y el entorno es predominantemente subtropical y montañoso. Las temperaturas oscilan entre los 16 - 22 °C.
ORGANIZACIÓN
Unión Verapacense de Organizaciones Campesinas (UVOC), Asociación Mujeres Mayas Comprometida con el Desarrollo de las Comunidades Indígenas y Campesinas (IXOQ MAYAJ)
PARTICIPANTES DIRECTOS
180
PARTICIPANTES inDIRECTOS
300

Priorizar los conocimientos ancestrales de las comunidades para la defensa y recuperación cosmogónica del territorio Maya Q’eqchi’ y Maya Poqomchi’. Realización del primer intercambio de experiencias a nivel ancestral y cosmogónico, con la participación de Autoridades del área Sur, Occidente, Altiplano y Norte de Guatemala. Construcción de huertas, viveros y parcelas demostrativas por parte del equipo técnico y de los participantes con el objetivo de mejorar la nutrición y consolidar la seguridad alimentaria de la región.

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