Bolivia tiene desde 2014 la Ley 622 de Alimentación Complementaria Escolar, aprobada por la Asamblea Legislativa Plurinacional, que obliga a todos los municipios a garantizar una alimentación sana, nutritiva y culturalmente apropiada en las unidades educativas. Sin embargo, en zonas remotas como Rincón del Tigre, el desayuno escolar se redujo durante años a la entrega de productos empaquetados que se limitaban a “cumplir” con la normativa estatal.
"Lo que les daban era una galleta con un juguito, y ya", resume Gonzalo Rivera, coordinador general de PROAGRO (Promotores Agropecuarios), una organización que asiste a las comunidades de Rincón del Tigre en temas de soberanía alimentaria, nutrición y desarrollo económico. En un inicio, PROAGRO llegó con una primera propuesta basada en fideos y arroz, los alimentos procesados más accesibles. Pero detectaron rápidamente un error: estos alimentos no tenían nada que ver con lo que las comunidades suelen comer y producir. "Nos dimos cuenta de que había que recuperar sus costumbres y conocimientos. Hay que hacer una mejora, pero con base en lo que ellos ya saben y los recursos que ya tienen", confiesa Gonzalo.


