6º Ciclo IPAF–FIDA (2022–2026)
ORGANIZACIÓN
Promotores Agropecuarios (PROAGRO)
BENEFICIARIOS DIRECTOS
258
BENEFICIARIOS inDIRECTOS
1733

El proyecto busca fortalecer la soberanía alimentaria y la salud escolar de niñas, niños y jóvenes indígenas en el municipio de Carmen Rivero, mediante la mejora de la alimentación, la promoción de prácticas agroecológicas y la capacitación en manejo de huertos, granjas y recursos naturales. Asimismo, se fomenta la adopción de hábitos de higiene y el uso de medicina tradicional, el fortalecimiento de la comunidad educativa y la conformación de instancias de gestión participativa reconocidas por el municipio, promoviendo la apropiación del territorio y la resiliencia de las escuelas y comunidades indígenas.

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Soberanía alimentaria en las escuelas
FotografíasWara Vargas Lara
TEXTOAndrea Fajardo
Rincón del Tigre, municipio Carmen Rivero Torrez / Santa Cruz / Bolivia

Bolivia tiene desde 2014 la Ley 622 de Alimentación Complementaria Escolar, aprobada por la Asamblea Legislativa Plurinacional, que obliga a todos los municipios a garantizar una alimentación sana, nutritiva y culturalmente apropiada en las unidades educativas. Sin embargo, en zonas remotas como Rincón del Tigre, el desayuno escolar se redujo durante años a la entrega de productos empaquetados que se limitaban a “cumplir” con la normativa estatal. 

"Lo que les daban era una galleta con un juguito, y ya", resume Gonzalo Rivera, coordinador general de PROAGRO (Promotores Agropecuarios), una organización que asiste a las comunidades de Rincón del Tigre en temas de soberanía alimentaria, nutrición y desarrollo económico. En un inicio, PROAGRO llegó con una primera propuesta basada en fideos y arroz, los alimentos procesados más accesibles. Pero detectaron rápidamente un error: estos alimentos no tenían nada que ver con lo que las comunidades suelen comer y producir. "Nos dimos cuenta de que había que recuperar sus costumbres y conocimientos. Hay que hacer una mejora, pero con base en lo que ellos ya saben y los recursos que ya tienen", confiesa Gonzalo.

Corregir ese rumbo implicó construir o recuperar prácticas tradicionales desde el principio, en uno de los territorios de más difícil acceso en Bolivia. Rincón del Tigre es una localidad en las tierras bajas de dicho país, específicamente en el sureste. Está ubicada dentro del Área Natural de Manejo Integrado San Matías, un área protegida que alberga, en su mayoría, al Pueblo Indígena Chiquitano que habla bésiro, la “lengua de la gente". 

En esas condiciones de largas distancias, caminos irregulares, ausencia de señal e internet en la mayoría de las escuelas, PROAGRO ha ido construyendo una propuesta de acción con el acompañamiento del Foro Internacional de Mujeres Indígenas (FIMI) y el financiamiento del Fondo Internacional de Desarrollo Agrícola (FIDA), a través de su Fondo de Apoyo a los Pueblos Indígenas (IPAF), que busca transformar la alimentación en ocho escuelas indígenas chiquitanas.

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(2) El huerto escolar permite cumplir con la normativa de alimentación sana y culturalmente apropiada para la niñez indígena. (3) Reina Justiniano, con su cultivo de pepinos. (4) Neri Rodríguez en la entrada del huerto escolar. (5 a-b) Los vegetales cosechados son aprovechados por las madres de familia para la elaboración del desayuno y la merienda de las niñas y los niños. (6) Gladis Toledo enseña a los estudiantes sobre la identificación y uso de plantas medicinales. (7) Isamar Justiniano cosechando cebollas. (8) El alumno Sergio Chanaca, junto a su padre Jose Chanaca, quien le explica cómo madura la papaya. (9) Irma Taceo Rodríguez, Quiferia Velásquez y Gladis Toledo.

Esa tarea recae, en buena medida, en personas como Modesto Choque Muñoz, técnico de campo de PROAGRO. En un ciclo que dura entre 3 y 4 semanas, Modesto recorre en carro las ocho comunidades de Rincón del Tigre, avisando personalmente a cada familia o escuela sobre talleres, actividades y reuniones.

Con una distancia aproximada de 20 a 100 kilómetros entre una comunidad y otra, hace trayectos en carro que pueden tomar hasta 3 horas por caminos rurales y que, en época de lluvia, son intransitables. Todo esto para coordinar con profesores y familias cualquier tipo de actividad que pueda beneficiarles, incluyendo la instalación de sistemas de riego, gallineros y cocinas comunitarias en las escuelas. Casi nunca le alcanza el tiempo de una sola jornada, así que el proceso continúa en la siguiente visita y este ciclo le puede tomar semanas.

Los territorios ancestrales del pueblo Monkox (Chiquitano) abarcan bosques secos, sabanas y llanuras tropicales con alta diversidad ecológica.

Por otro lado, Gonzalo cuenta que el proyecto fue diseñado con un enfoque integral que combina infraestructura, producción, organización comunitaria y formación. En términos prácticos, ha beneficiado a 258 estudiantes de ocho escuelas indígenas mediante la construcción y mejora de cocinas escolares, la dotación de utensilios y mobiliario para almacenamiento y comedor, y la implementación de sistemas productivos dentro de las propias unidades educativas. Este es un punto clave, ya que en varias de las escuelas no existía ninguna infraestructura previa para cocinar.

A la par, se instalaron ocho macrotúneles con sistemas de riego tecnificados por goteo, destinados a la producción de hortalizas. En una zona donde el acceso al agua es limitado y las temperaturas son elevadas, estos sistemas permiten sostener cultivos que antes no eran comunes. En Rincón del Tigre, la base de la alimentación sigue siendo el arroz, la yuca, el maíz y el frijol, productos que forman parte de la cultura alimentaria local. El proyecto interviene en la forma de combinar y balancear estos productos, sin tener que reemplazarlos por alimentos procesados.

El reto de producir proteína para el cumplimiento del menú se solucionó con la construcción y puesta en funcionamiento de ocho granjas avícolas escolares, que han facilitado la producción de huevos destinados directamente a la alimentación de los estudiantes. Según Gonzalo, el objetivo es reducir la dependencia de insumos externos en un territorio donde el acceso a alimentos procesados es costoso: productos que son básicos en otras localidades pueden tener precios elevados en esta zona por la distancia y las dificultades de transporte.

También se incorporaron plantas medicinales en los huertos escolares. En comunidades donde el centro de salud más cercano puede estar a horas de distancia, el conocimiento de los remedios locales tiene un valor práctico inmediato. Y fue precisamente alrededor de ese conocimiento donde el proyecto encontró algo que no tenía previsto.

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(13) Instalaciones construidas para la elaboración y el servicio del desayuno escolar. (14) La organización comunitaria garantiza la cocción de alimentos con leña. (15 a-b) Bernarda Velásquez elabora el desayuno escolar. (16) Quiferia Velásquez. (17) Estudiantes y madres de familia comparten los alimentos en el comedor escolar. (18) Estudiantes alimentan a las gallinas. La integración de granjas avícolas en las escuelas resuelve el reto de producir proteína fresca para el cumplimiento del menú nutricional.

Por su cercanía con las familias y comunidades, Modesto explica con asombro que ha observado cómo los niños replican en sus casas lo aprendido en los huertos escolares, pues comparten con sus familias nuevas prácticas de cultivo. En otros casos, el flujo de conocimiento suele ser a la inversa: los niños transmiten saberes sobre plantas medicinales que han aprendido en sus hogares y de sus padres o abuelos. Estos intercambios evidencian que puede haber un diálogo intergeneracional y una transferencia de conocimiento de los hijos a los adultos, y también de las comunidades hacia los técnicos que llegaron a enseñar.

Los espacios educativos se han convertido en centros de aprendizaje práctico sobre alimentación, agricultura y cuidado del entorno.

Reconocer ese saber acumulado fue también la clave para enfrentar un obstáculo que ninguna infraestructura podía resolver por sí sola: la participación comunitaria. Gonzalo explica que "fue muy grande el reto de cambiar la mentalidad de las familias", en referencia a la necesidad de que estas se involucren activamente en la preparación de los alimentos y en la gestión del proyecto. El modelo anterior, basado en la entrega de productos terminados, no requería esa participación. Pero el nuevo esquema planteado por PROAGRO implica tiempo, organización y compromiso de la comunidad.

Para abordar esto, se fundó un comité de alimentación complementaria escolar (ACE), una instancia multiactor que reúne a representantes del municipio, el sistema educativo, el sector salud, las familias y las organizaciones indígenas chiquitanas. Este comité debe participar en la toma de decisiones sobre la alimentación escolar y dar continuidad a las acciones más allá del proyecto. Su fortalecimiento sigue siendo un desafío, pero también una de las apuestas centrales para la sostenibilidad en Rincón del Tigre.

Aunque aún no tienen evaluaciones cuantitativas sobre el impacto en el rendimiento escolar, los responsables de PROAGRO tienen una visión clara: una mejor alimentación incide en la capacidad de aprendizaje. Evitar que los niños asistan a clases con hambre o con bajos niveles de energía parece una demanda evidente, pero es una condición básica que no está garantizada en todos los territorios indígenas de Bolivia y que debe ser atendida como un elemento estructural de la educación.

El sueño que PROAGRO articula es preciso: granjas y huertos en total funcionamiento, un comité activo, niños bien alimentados y familias con acceso a oportunidades laborales, profesionales y de bienestar. Actualmente, el proyecto tiene un avance del 90% en sus actividades. Más que limitarse a proveer alimentos, se trata de crear las condiciones para que las comunidades puedan producirlos, gestionarlos y sostenerlos en el tiempo.

Su continuidad dependerá de la capacidad de las comunidades y las instituciones locales para sostener lo iniciado. La pregunta que PROAGRO se repite no es cómo lograr que funcione mientras ellos están, sino cómo hacer que sobreviva cuando se vayan. Gonzalo Rivera lo describe como el gran eje de la sostenibilidad: "Queremos que cuando se esté decidiendo qué se va a comprar, qué se va a comer, este comité dé su voz y voto en representación de lo que van a consumir los alumnos y de cómo va a ser su futuro."