6º Ciclo IPAF–FIDA (2022–2026)
ORGANIZACIÓN
Centro de Derechos Económicos Sociales y Culturales (CDES)
BENEFICIARIOS DIRECTOS
1540
BENEFICIARIOS inDIRECTOS
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El proyecto busca fortalecer el sistema cultural y agroproductivo propio de la nacionalidad Shuar, denominado Shuar Aja, a partir de la recuperación de prácticas tradicionales agrícolas y la aplicación de criterios de manejo ecológico de agroecosistemas en función de fomentar la soberanía alimentaria, la nutrición sana, la reproducción de valores, sentidos y conocimientos culturales, la valorización del trabajo de las mujeres indígenas, el mantenimiento de la agrobiodiversidad y la organización del uso sustentable del espacio. Se busca también mejorar la economía de las familias, estableciendo circuitos cortos de comercialización directa y sistemas productivos asociados como alternativas frente al mercado común, sumado a la realización de una campaña de sensibilización en los poblados y ciudades cercanas a las comunidades sobre la importancia del consumo de alimentos sanos y ecológicamente sostenibles que fomenten la reproducción de la cultura local.

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La huerta ancestral
FotografíasVerónica Iturralde
TEXTOAndrea Fajardo
Provincia de Pastaza / Región amazónica / Ecuador

En la Amazonía ecuatoriana, la selva no siempre se mide en hectáreas, sino en estratos de memoria. Para Linda, una mujer Shuar de la comunidad de Chapintza en Pastaza, el progreso se trató durante años de "limpieza y practicidad": talar el bosque, dejar el suelo desnudo y sembrar hileras de plátano o yuca para vender por sacos en mercados que apenas pagan lo justo. Mariela Mashinkiash, mujer indígena Shuar y vicepresidenta de la Federación de la Nacionalidad Shuar de Pastaza (FENASHP), cuenta que Linda estaba acostumbrada a solo sembrar yuca, plátano y papa china porque era lo más rápido de cosechar y necesitaba venderlos para sostener a su familia. 

“Por gusto acabé mi selva pudiendo hacer esto", le confesó Linda a Mariela después de redescubrir una técnica ancestral del pueblo Shuar donde la abundancia no viene de un monocultivo, sino de un caos organizado al que llaman Shuar Aja.

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(1) Integrantes de la Federación de la Nacionalidad Shuar de Pastaza (FENASH-P) en jornada de trabajo en la comunidad Nayumentsa. El Shuar Aja es una huerta ancestral biodiversa, gestionada principalmente por mujeres para alimentos y medicina.

Mientras Ecuador se consolida como el principal exportador mundial de banano y un gigante del cacao fino de aroma, industrias que aportan cerca del 10% del Producto Interno Bruto (PIB) no petrolero, en las periferias del Amazonas, ese modelo de exportación presiona a los Pueblos Indígenas Kichwa, Shuar, A'i Cofán, Waorani y Achuar/Shiwiar a abandonar sus conocimientos ancestrales. La adopción del monocultivo no solo ha erosionado el suelo, sino también la soberanía alimentaria.

En este contexto, un proyecto de fortalecimiento a los sistemas productivos tradicionales, impulsado por la organización CDES (Centro de Derechos Económicos y Sociales) en alianza con la FENASHP, con el acompañamiento del Foro Internacional de Mujeres Indígenas (FIMI) y el financiamiento del Fondo Internacional de Desarrollo Agrícola (FIDA), a través de su Fondo de Apoyo a los Pueblos Indígenas (IPAF), se ha propuesto crear una estrategia de supervivencia técnica y económica para la Nacionalidad Indígena Shuar, con la recuperación del sistema tradicional Shuar Aja: una práctica agroforestal que desafía la lógica de la agricultura industrial.

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(2) Plumas de aves amazónicas recolectadas por las mujeres Shuar. (3 a-b) Mujeres compartiendo espacios de encuentro e intercambio de saberes en la comunidad Nayumentsa. (4) La comunidad se reúne para trabajar el Shuar Aja en Chapintsa. El proyecto combina conocimientos técnicos modernos y saberes ancestrales para fortalecer la soberanía alimentaria. (5 a-b) El trabajo de las mujeres genera ingresos directos, reduciendo la dependencia de intermediarios y fortaleciendo la economía local. (6) Aretes elaborados con plumas.

Como lo describe Mariela Mashinkiash, el Shuar Aja es un organismo vivo que se regula a sí mismo. Funciona como una huerta ancestral gestionada principalmente por mujeres para el cultivo biodiverso de alimentos y plantas medicinales. A diferencia del sistema de monocultivos, el Aja no es una huerta para ser abandonada tras la cosecha, sino un espacio de permanencia.

"La diferencia del cultivo tradicional es que tú haces variedades y diversidad de cultivos: frutas, productos orgánicos y medicinales. Así tú coseches yuca, no talas ni cosechas todo de una sola, sino que vas sacando lo pequeño y vas dejando lo bueno para ir guardando tu comida. Te vas a otra huerta y regresas a la misma a ver las yucas que dejaste. No caduca el cultivo ni dejas la huerta abandonada", apunta Mariela.

Las mujeres Shuar son las principales guardianas del Aja, responsables de la selección de semillas, el manejo de plantas medicinales y la transmisión de conocimientos.

En una sola Aja, por ejemplo, las mujeres Shuar gestionan variedades de yuca con tiempos de maduración escalonados: unas para el consumo diario, otras para la fermentación de la chicha y otras reservadas para la dieta postparto. Existe la "papa jíbara", una raíz trepadora que puede permanecer varios meses bajo tierra esperando ser recolectada y funciona como un banco vivo de carbohidratos que no requiere refrigeración.

Además de la comida, el Aja también produce medicina. Mariela explica que en este caso el Aja funciona como una farmacia viva integrada a la huerta, donde se cultivan variedades de plantas para el cuidado de la salud desde el nacimiento hasta la vejez.

La implementación del proyecto también reveló una brecha profunda entre la academia y el territorio. Eva Martínez-Acosta, coordinadora de justicia económica y género del CDES, confiesa que un gran desafío para ellas fue la creación de las guías de capacitación. Al inicio, las ingenieras agrónomas de la organización, todas formadas en universidades con currículos occidentales, tuvieron conflictos para asimilar la ancestralidad del pueblo Shuar. Para la academia, una plaga es un enemigo que se fumiga; para el Shuar Aja, es un desequilibrio que se gestiona mediante el policultivo y el conocimiento de las fases lunares.

El Shuar Aja es un sistema agroforestal ancestral que integra diversidad de cultivos alimentarios, medicinales y rituales en una huerta viva.

"Tuvimos que hacer un taller para que los sabios de la comunidad les enseñaran a las consultoras y así pudieran incorporar tanto la parte técnica como la ancestral. La guía, al final, es un resultado de ambos mundos", comenta Eva.

Este encuentro de saberes permitió que la técnica agroecológica moderna (como el control biológico de plagas) se fusionara con la selección ancestral de semillas que la nacionalidad Shuar ha perfeccionado durante siglos en una de las regiones con mayor biodiversidad del planeta.

Según estudios de la Confederación de Nacionalidades Indígenas del Ecuador (CONAIE), a pesar de que las mujeres indígenas son las que más tiempo pasan trabajando la tierra, los cargos de decisión en las directivas comunitarias han estado históricamente ocupados por hombres en más de un 80%.

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(11) Mujer Shuar decorando su rostro con achiote. (12 a-b) Las mujeres de la FENASH-P elaboran productos de biocosmética bajo la marca Yapit con insumos del Shuar Aja. (13) Mujer usando adorno de oreja de la marca Yapit. Las mujeres elaboran bisutería con semillas y alambre, creando productos innovadores conectados con la naturaleza. (14) Tejidos tradicionales que narran historias, símbolos y memoria colectiva. (15 a-b-c) El proyecto no solo recupera técnicas de cultivo, sino que revitaliza la identidad cultural y el vínculo con la selva amazónica.

Mariela Mashinkiash no esquiva la realidad del machismo en el Pueblo Shuar de Pastaza, pues el reto no ha sido solo técnico, sino también social. La mayoría de los hombres les negaba a sus esposas la posibilidad de asistir a los talleres de formación para recuperar los saberes del Shuar Aja.

Para la academia, una plaga es un enemigo que se fumiga; para el Shuar Aja, es un desequilibrio que se gestiona.

"Había que sacar a las mujeres de su mundo. Sin embargo, hemos tenido resultados porque si los hombres venían, los incluíamos. Han ido entendiendo y ahora ellos ayudan a sus esposas a sacar los productos para la comercialización."

Este cambio se consolidó cuando el proyecto pasó de la teoría a la práctica, especialmente con la creación de circuitos cortos de comercialización bajo la marca Yapit, haciendo referencia a un árbol nativo de la Amazonía que nutre a diversas especies de animales. Este es el distintivo comercial de la Federación de la Nacionalidad Shuar de Pastaza, con el que productos como el camote, la malanga y las frutas amazónicas han llegado directamente a consumidores urbanos sin pasar por intermediarios que suelen quedarse con el 60% del valor del producto. También ha facilitado la producción y venta de artesanías y biocosméticos elaborados por mujeres Shuar.

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(16 a-b) Mujer lideresa bebe chicha durante un encuentro para compartir saberes y prácticas comunitarias. (17) Mujeres de la FENASH-P en la marcha de las nacionalidades en 2023. (18) La cerámica Shuar, un conocimiento ancestral que aporta a la economía local. (19) La danza en los espacios comunitarios es una expresión cultural vigente. (20 a-b-c-d) La autonomía económica de las mujeres Shuar refuerza la toma de decisiones sobre salud y educación familiar. (21) Mujer cosechando achiote para elaborar su maquillaje.

Históricamente, la economía Shuar se basaba en el trueque. La transición hacia una economía monetaria sin perder el valor identitario es uno de los logros más importantes del proyecto implementado por CDES en alianza con la FENASHP. Hoy, no se trata solo de vender materia prima, sino de transformar la cosecha.

"Nuestras aspiraciones son mantener esas huertas, pero también llegar a dar valor agregado a las medicinas, frutas y productos. Hacer harinas o cualquier otro proceso para no comercializar solo materia prima. Ya estamos avanzando con bisutería, biocosméticos y cerámica", comenta Mariela.

Esta autonomía financiera también es política. Mariela explica que una mujer con ingresos propios, fruto de su Aja, tiene mayor capacidad de decisión sobre la educación de sus hijos y la salud de su familia. Es una forma de resistencia frente a la expansión de industrias como la petrolera y minera en la Amazonía, que a menudo se presenta en estas comunidades como la única vía de salida ante la pobreza.

Cada feria donde las madres y mujeres del pueblo Shuar venden sus plantas medicinales o su yuca orgánica representa un acto de soberanía para ellas. Como explica Mariela, aunque algunas plegarias ancestrales se han perdido en el ruido del mundo moderno, el acto de hundir las manos en la tierra para sembrar una semilla que durará décadas sigue siendo su forma de proteger el futuro.

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(22) En cada Shuar Aja, la selección cuidadosa de semillas y la planificación de cosechas crean un ecosistema autosustentable que sostiene generaciones.

Baleu, Guaxpom La Calera, Mocohán / Alta Verapaz, Baja Verapaz / Guatemala
Las comunidades Maya Q’eqchi’ y Maya Poqomchi’ se encuentran en los municipios de San Cristóbal Verapaz y Tucurú, en el Departamento de Alta Verapaz, y el municipio de Purulhá en Baja Verapaz, ubicados en la Región Norte de Guatemala. El territorio es atravesado por la Sierra Madre y el entorno es predominantemente subtropical y montañoso. Las temperaturas oscilan entre los 16 - 22 °C.
ORGANIZACIÓN
Unión Verapacense de Organizaciones Campesinas (UVOC), Asociación Mujeres Mayas Comprometida con el Desarrollo de las Comunidades Indígenas y Campesinas (IXOQ MAYAJ)
PARTICIPANTES DIRECTOS
180
PARTICIPANTES inDIRECTOS
300

Priorizar los conocimientos ancestrales de las comunidades para la defensa y recuperación cosmogónica del territorio Maya Q’eqchi’ y Maya Poqomchi’. Realización del primer intercambio de experiencias a nivel ancestral y cosmogónico, con la participación de Autoridades del área Sur, Occidente, Altiplano y Norte de Guatemala. Construcción de huertas, viveros y parcelas demostrativas por parte del equipo técnico y de los participantes con el objetivo de mejorar la nutrición y consolidar la seguridad alimentaria de la región.

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