En la Amazonía ecuatoriana, la selva no siempre se mide en hectáreas, sino en estratos de memoria. Para Linda, una mujer Shuar de la comunidad de Chapintza en Pastaza, el progreso se trató durante años de "limpieza y practicidad": talar el bosque, dejar el suelo desnudo y sembrar hileras de plátano o yuca para vender por sacos en mercados que apenas pagan lo justo. Mariela Mashinkiash, mujer indígena Shuar y vicepresidenta de la Federación de la Nacionalidad Shuar de Pastaza (FENASHP), cuenta que Linda estaba acostumbrada a solo sembrar yuca, plátano y papa china porque era lo más rápido de cosechar y necesitaba venderlos para sostener a su familia.
“Por gusto acabé mi selva pudiendo hacer esto", le confesó Linda a Mariela después de redescubrir una técnica ancestral del pueblo Shuar donde la abundancia no viene de un monocultivo, sino de un caos organizado al que llaman Shuar Aja.


