6º Ciclo IPAF–FIDA (2022–2026)
ORGANIZACIÓN
Associação Ka'apor Ta Hury do Rio Gurupi
BENEFICIARIOS DIRECTOS
200
BENEFICIARIOS INDIRECTOS
500

El proyecto tiene como objetivo preservar la biodiversidad de la Tierra Indígena Alto Turiaçu y garantizar la seguridad alimentaria y nutricional del pueblo Ka’apor mediante sistemas agroforestales, la revitalización de tradiciones y la formación de jóvenes y mujeres. Busca fortalecer y promover prácticas socioculturales de mujeres indígenas vinculadas a la gestión territorial y ambiental sostenible, consolidar el sistema productivo tradicional Ka’apor y reconocer los conocimientos y saberes ancestrales para asegurar la seguridad alimentaria. Incluye actividades de capacitación en artesanía para mujeres, reforzando el papel del grupo de guardianas Ka’apor.

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Círculos de cultivo y resistencia
FotografíasRoberto Cazau
TEXTOAndrea Fajardo
Territorio Indígena Alto Turiaçu, Zé Doca / Maranhão / Brasil

“Cuando se va a limpiar, se limpia toda la comunidad; cuando se va a plantar, lo hacen todos juntos. La cosecha es totalmente participativa y colectiva”, dice Hildilene Ribeiro, asesora administrativa de la Asociación Ka'apor Ta Hury del río Gurupi, en Brasil, que lleva más de 17 años trabajando junto al Pueblo Indígena Ka’apor en el estado de Maranhão. 

Hildilene habla específicamente de la roça tradicional del Pueblo Ka’apor, un sistema de cultivo que imita la estructura y organización de la selva, combinando la siembra de alimentos con la regeneración del bosque, para así sostener la biodiversidad. Ante la invasión de madereros ilegales y otras amenazas externas, los Ka'apor han utilizado sus zonas de roça y protección agroforestal (que suelen ser pequeñas parcelas) como áreas de autodefensa, a través de la reforestación y el cuidado activo de las zonas limítrofes de su territorio.

Ese gesto de sembrar en colectivo y recuperar una forma ancestral de cultivo está en el centro de Floresta Viva, un proyecto de preservación realizado por la Asociación Ka'apor Ta Hury, con el acompañamiento del Foro Internacional de Mujeres Indígenas (FIMI) y el financiamiento del Fondo Internacional de Desarrollo Agrícola (FIDA), a través de su Fondo de Apoyo a los Pueblos Indígenas (IPAF). Más que introducir técnicas nuevas en la producción agrícola Ka’apor, este proyecto busca reactivar conocimientos que habían comenzado a diluirse y, al mismo tiempo, responder a problemas urgentes de la región como la inseguridad alimentaria, la degradación del territorio y la pérdida de prácticas culturales.

Hoy, tras varios ciclos de trabajo, el proyecto se acerca a su fase final con resultados que sus propias impulsoras no esperaban al inicio. Pasó de beneficiar únicamente a dos aldeas del territorio Ka’apor (Tukumã e Bacurizeiro) a abarcar seis comunidades enteras con parcelas activas y fortalecer un grupo de mujeres que ahora incide en decisiones comunitarias.

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(2) Centro comunitario en la aldea Turizinho. (3 a-b) El arte Ka’apor integra figuras de la fauna local y patrones geométricos que codifican la relación espiritual entre la comunidad y los habitantes de la selva. (4) Los Tuxá y los ancianos resguardan la memoria política y validan las estrategias de defensa territorial. (5) La creación de adornos tradicionales, o me'rïm’ï, depende del acceso a fibras como el tucum y algodón. (6 a-b-c-d-e) Los talleres de artesanía también son foros de deliberación donde las mujeres fortalecen su organización interna y su incidencia en la gestión del territorio.

El territorio Ka’apor es una de las áreas indígenas más extensas de Maranhão, con más de 500 mil hectáreas. Esta región forma parte de la Amazonía oriental brasileña, una zona particularmente presionada por la deforestación. Según datos del Instituto Nacional de Pesquisas Espaciais (INPE), Maranhão se encuentra entre los estados con mayores tasas de pérdida de cobertura forestal en la Amazonía durante los últimos años. Esta pérdida ha sido impulsada por la expansión agropecuaria y la tala ilegal.

Las roças tradicionales amazónicas combinan cultivos alimentarios y regeneración del bosque, creando paisajes productivos que favorecen la biodiversidad y la seguridad alimentaria.

La historia reciente del proyecto Floresta Viva comienza en 2019, cuando la Asociación Ka'apor Ta Hury desarrolló una primera experiencia para recuperar la roça tradicional. “Muchas familias en el territorio ya no cultivaban con esta técnica ancestral”, recuerda Karolina Sousa, asistente técnica y coordinadora del proyecto. Aquella primera intervención buscaba producir alimentos, pero también restituir una práctica que articula el calendario agrícola, la organización comunitaria y el conocimiento espiritual. La siembra circular, los tiempos de descanso del suelo, el orden de las cosechas y hasta los rituales asociados forman parte de un sistema que no puede separarse de la cultura Ka’apor.

Lo que inició como un esfuerzo piloto se fue extendiendo a otras comunidades que solicitaban apoyo con herramientas y semillas nativas. La demanda tenía una razón específica detrás: el acceso a semillas comerciales, que solo sirven para un ciclo de cultivo, había desplazado a las semillas locales, que son fundamentales para mantener la autonomía productiva.

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(7) La disposición de las casas sigue una lógica lineal a lo largo de caminos de tierra, optimizando el acceso al transporte y a la infraestructura de servicios públicos como la electricidad. (8 a-b-c-d-e) Las aldeas combinan estructuras tradicionales de madera con viviendas de mampostería, adaptando materiales modernos a las necesidades climáticas.

Con financiamiento del Fondo Internacional de Desarrollo Agrícola (FIDA), la Asociación Ka'apor Ta Hury logró implementar huertos en distintas aldeas, adquirir herramientas básicas y sostener un acompañamiento técnico. Sin embargo, ese crecimiento no estuvo exento de obstáculos. Pues cada año, entre septiembre y octubre, el periodo de sequía trae consigo incendios forestales que afectan directamente la vida comunitaria.

“En esas épocas todo se detiene”, dice Karolina. “Los hombres deben organizarse para combatir el fuego, muchas veces originado fuera del territorio y expandido por el viento”. En 2024 y 2025, la situación fue particularmente grave, con múltiples focos reportados en la región. Los incendios en la Amazonía brasileña aumentaron en frecuencia e intensidad durante los últimos años, y están vinculados tanto a prácticas agrícolas como a actividades ilegales.

Frente a esto, la Asociación Ka'apor Ta Hury incorporó una estrategia clave: la formación de brigadas comunitarias para la prevención y combate de incendios. Esta iniciativa les permitió reforzar la capacidad de gestión territorial del propio pueblo Ka’apor.

Asimismo, el proyecto fortaleció al grupo de “Guardianas del Bosque”, integrado por mujeres que comenzaron a participar activamente en decisiones comunitarias. Entre las historias de impacto del proyecto está la de Awashi Ka’apor, guardiana de la aldea de Turizinho, cuyo testimonio destaca que hoy en día son pocas las mujeres que confeccionan tipoias (usadas para cargar a los niños) y redes, pero organizar un taller con ellas ayudó a fortalecer esa conexión y a disponer de un lugar donde pudieran hablar y compartir con las más jóvenes todo lo que representan las mujeres Ka’apor.

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(9 a-b) El uso del pigmento de urucum, aplicado con astillas de madera, actúa como repelente y bloqueador solar natural, funcionando simultáneamente como un escudo simbólico para la comunidad. (10) La infancia se integra de forma temprana en las actividades cotidianas y ceremoniales, asegurando el relevo generacional de la lengua y el conocimiento del bosque. (11 a-b) La aplicación de pigmentos naturales marca los tiempos de ceremonia y asamblea, vinculando la estética del cuerpo con los ciclos agrícolas y la salud de la comunidad. (12 a-b-c) La juventud Ka’apor actúa como un eje estratégico, integrando el conocimiento ancestral con tecnologías modernas para liderar la defensa de su territorio.

Esta participación también se entrelaza con otro eje del proyecto: la revitalización de la artesanía. Para muchas mujeres Ka’apor, esta actividad es una fuente de ingreso y una forma de preservar conocimientos que estaban desapareciendo. En estos espacios, las mujeres mayores enseñan a las más jóvenes técnicas de tejido, nudos y uso de fibras del bosque. La transmisión no es solo técnica, sino que incluye el significado espiritual y cultural de cada pieza. “Nos hemos enfocado mucho en las jóvenes, porque sin la práctica de ellas no vamos a tener continuidad”, resalta Hildilene.

“Cuando se va a plantar, lo hacen todos juntos. La cosecha es totalmente participativa y colectiva.”

Por otro lado, las roças se siguen expandiendo como estrategia de restauración ecológica. Muchas de ellas se establecen en áreas previamente degradadas por la tala o la ocupación externa. Allí, además de cultivos básicos como yuca, maíz o frijol, se siembran especies frutales nativas como açaí, bacuri o plátano. El resultado es un sistema que combina producción, restauración y cultura. Incluso el momento de la siembra o del descanso de la tierra responde a reglas transmitidas por los mayores Ka’apor. En ese diálogo intergeneracional se juega una buena parte del futuro del territorio.

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(13) Tukumã funciona como una aldea pedagógica, donde se consolidó la transición hacia la agroforestería que sirve de modelo para otras comunidades del Alto Turiaçu. (14) En la roça tradicional, el cultivo de maíz optimiza la liberación de nutrientes mediante quemas controladas, una técnica que garantiza la productividad inmediata y facilita la regeneración natural del ecosistema boscoso. (15) El manejo colectivo de los recursos hídricos asegura la irrigación de las parcelas agroforestales. (16 a-b-c) Limpieza colectiva. (17) La mandioca se cultiva en diversas variedades adaptadas al suelo amazónico para la producción de harina, cauim (bebida fermentada) y otros derivados esenciales.

Hoy, con seis aldeas involucradas y más de 20 comunidades afiliadas a la asociación, el reto es escalar sin perder el carácter colectivo y que más aldeas adopten el modelo de manera autónoma.

A largo plazo, el horizonte de la Asociación Ka’apor Ta Hury incluye también la posibilidad de insertarse en programas públicos de compra de alimentos. En Brasil, iniciativas como el Programa de Adquisición de Alimentos (PAA) permiten al Estado comprar directamente a productores familiares para abastecer escuelas y comedores comunitarios. Para el pueblo Ka’apor, esto abriría una vía de ingresos que les permita permanecer en el territorio sin abandonar sus prácticas tradicionales.

Por ahora, el avance se mide en los ciclos de cultivo que se repiten. La comunidad reunida, el terreno circular de las roças, las semillas guardadas para el siguiente ciclo. No hay un cierre definitivo para el proyecto porque su lógica no es lineal ni depende de un financiamiento único. Lo que queda, cuando los recursos se acaban, es la capacidad instalada en las comunidades para seguir sembrando alimentos, conservación y cultura.