6º Ciclo IPAF–FIDA (2022–2026)
ORGANIZACIÓN
Red Departamental de Mujeres Sololatecas con Visión Integral (REDMUSOVI)
BENEFICIARIOS DIRECTOS
121
BENEFICIARIOS inDIRECTOS
114

El proyecto contribuye de forma cualitativa a la erradicación de la violencia de género, a partir de procesos de formación orientada al empoderamiento de las mujeres en temas de educación ambiental, economía, gobernanza de los recursos naturales, mitigación del cambio climático y mejora en la calidad de vida de las mujeres indígenas de la Cuenca del Lago Atitlán.

+ info
- info
Tejer la autonomía
FotografíasSandra Sebastián
TEXTOAndrea Fajardo
Cuenca del Lago Atitlán / Sololá / Guatemala

Para una mujer Tz'utujil de la cuenca del Lago Atitlán, en Guatemala, comprar una libra de sal o un jabón suele ser un acto de negociación doméstica, no de libertad económica. Depender del permiso del esposo para los gastos más básicos es una realidad aún anclada en los Pueblos Mayas Tz'utujil, Kaqchikel y K'iche' de Guatemala, donde la autonomía económica para las mujeres ha sido, históricamente, una idea lejana. 

No obstante, en los 19 municipios del departamento de Sololá, actualmente hay Mujeres Indígenas de los pueblos mencionados que ya no se relacionan con la economía de sus familias desde la resignación, sino desde la educación financiera y la independencia. Según datos del Banco Mundial y del Programa de las Naciones Unidas para el Desarrollo (PNUD), Sololá es uno de los departamentos guatemaltecos con mayores índices de pobreza rural, alcanzando niveles cercanos al 80% en algunas zonas.

En este contexto, la Red Departamental de Mujeres Sololatecas con Visión Integral (REDMUSOVI) ha dejado de ver el emprendimiento como una actividad complementaria para convertirlo en una estrategia de derechos humanos. A través de un proyecto de fortalecimiento a las capacidades de las Mujeres Indígenas, con el acompañamiento del Foro Internacional de Mujeres Indígenas (FIMI) y el financiamiento del Fondo Internacional de Desarrollo Agrícola (FIDA), a través de su Fondo de Apoyo a los Pueblos Indígenas (IPAF), la red ha implementado talleres y procesos de acompañamiento para transformar la calidad de vida en la cuenca del lago Atitlán. 

Emiliana Sancoy, mujer del Pueblo Kaqchikel y aliada de la REDMUSOVI en San Marcos La Laguna, cuenta cómo se ha dado la transformación técnica que ha facilitado la sostenibilidad alimentaria en el territorio. Antes de las capacitaciones, a las mujeres que criaban aves de patio se les morían los animales con más frecuencia porque no sabían cómo cuidarlos o cómo hacer vacunas naturales. Tampoco tenían la confianza ni las herramientas para generar sus propios ingresos, para entender sus finanzas y para gestionar con autonomía el sustento de sus familias.

“Una vez, una señora se me acercó y me dijo: ‘Mire, Emiliana, yo antes para comprar un jabón le tenía que pedir a mi esposo, pero ahora ya no, ahora yo de mi venta lo saco’. Eso me dio mucha alegría: ver ese ‘yo puedo’ en ellas. Para mí ese es el resultado del proyecto, ver que ya no son sumisas”, cuenta Emiliana.

(3)

(2) Jesús González, Concha Edna Chavajay Quizcain, Concepción Méndez González y Brígida Ana Cecilia Matzar Cruz, integrantes de la Asociación Sobrevivientes de San Pedro La Laguna, Sololá. (3) El uso de tintes naturales y otros insumos locales reduce la dependencia de químicos externos, rescata prácticas ambientales ancestrales y fortalece la sostenibilidad ecológica de los emprendimientos.

Históricamente, el trabajo de las mujeres de los Pueblos Tz'utujil, Kaqchikel y K'iche' ha sido invisible para las estadísticas de índole económica. El arte textil era visto como una tarea de “tiempo libre”. Lidia Quiejú, mujer del Pueblo Tz'utujil y coordinadora de la REDMUSOVI, explica que el primer paso para la autonomía fue entender que ese tiempo tiene un valor monetario. Durante décadas, los intermediarios que han llegado al territorio han abusado de la falta de herramientas de costeo para comprar piezas que requieren meses de trabajo por una fracción de su valor real.

La cuenca del Lago Atitlán es hogar de comunidades Maya Kaqchikel, K’iche’ y Tz’utujil que han desarrollado tradiciones textiles, agrícolas y comerciales transmitidas entre generaciones.

“Nos hemos enfocado en la formación técnica y administrativa. No se trata solo de producir, sino de saber cuánto cuesta lo que hacemos, cómo poner un precio justo y cómo administrar las pequeñas ganancias. Antes venían intermediarios y les pagaban muy poco. Ahora ellas dicen: esto vale tanto porque se usa tanto hilo o tantas horas de mi tiempo, y este es el diseño que nuestras abuelas nos enseñan”, explica Lidia.

Esta revalorización no ha sido sólo monetaria, sino también cultural. El proyecto ha impulsado el uso de recursos naturales para los emprendimientos, como el rescate de tintes naturales para la artesanía. Al utilizar materiales del entorno, las mujeres reducen la dependencia de insumos químicos externos y recuperan prácticas ancestrales de gestión ambiental, al tiempo que diversifican sus fuentes de ingreso frente a los efectos del cambio climático en las comunidades agrícolas.

(8-a)
(8-b)
(8-c)
(9)

(4) Las mujeres Kaqchikel de San Antonio Palopó se dedican principalmente a la siembra y cosecha de café y cultivos como frijol, maíz, aguacate, tomate y limón. (5) Zoila Pérez, de 29 años, representante legal y presidenta de la Junta Directiva de la Asociación Bienestar del Futuro. (6) María Rebeca Pérez, de 46 años, secretaria de la Junta Directiva de la Asociación Bienestar del Futuro. (7) La Asociación Bienestar del Futuro combina el conocimiento agrícola ancestral con procesos de formación en derechos humanos, derechos sexuales y reproductivos, prevención de la violencia y proyectos productivos. (8 a-b-c) Marcela Pérez Tale, de 56 años, tesorera de la Junta Directiva de la Asociación Bienestar del Futuro. (9) Concha Edna Chavajay Quizcain participa en la confección de indumentaria para uso diario y para eventos ceremoniales.

La administración financiera suele ser un terreno árido, pero para las mujeres que forman parte de esta organización es el lenguaje de una nueva forma de libertad. Olga Acetún, mujer Kaqchikel y contadora de la organización, ha sido testigo de cómo el orden en los registros básicos ha cambiado la dinámica del hogar:

“Al principio, a muchas compañeras les costaba separar lo que es el gasto de la familia de lo que es la inversión del negocio. Con los talleres de ahorro y de registros básicos, ahora ellas llevan un control. Saben que si venden un tejido, una parte es para comprar más hilo, otra es para el ahorro y otra para el sustento. Ese orden les da mucha seguridad”.

Los grupos comunitarios de ahorro permiten a las mujeres invertir en sus emprendimientos, afrontar emergencias y fortalecer la autonomía económica.

Esto también ha facilitado la creación de grupos de ahorro y créditos locales. Ahorrando entre cinco y diez quetzales por semana, las mujeres han construido fondos comunes que funcionan como una red de seguridad financiera. Este capital semilla les ha permitido invertir en la crianza de aves de patio o en la mejora de sus telares: “dinero de ellas y para ellas”, dice Lidia, que circula dentro de la comunidad y fortalece la gobernanza local de los recursos.

Uno de los puntos más críticos en la labor de la red ha sido el reconocimiento de que el dinero no llega solo; a veces llega acompañado de tensiones y conflictos familiares. Según informes del Ministerio Público de Guatemala, la violencia intrafamiliar es el delito más denunciado en el país. Sobre esto, Lidia enfatiza que no se puede trabajar la economía de la mujer sin trabajar su seguridad y autoestima:

“No podemos hablar de dinero sin hablar de la prevención de la violencia, porque muchas veces, cuando la mujer empieza a tener su propio ingreso, surgen conflictos en el hogar. Por eso trabajamos la autoestima y el empoderamiento, para que ese ingreso sea para su bienestar y no un motivo de más violencia”.

En este sentido, la REDMUSOVI también ha acompañado a mujeres víctimas en sus procesos legales, brindando el respaldo que el sistema estatal muchas veces les niega por barreras lingüísticas o racismo institucional.

Un gran reto para organizaciones de base como esta es pensar qué sucede cuando el financiamiento externo se retira. En Sololá, la estrategia ha sido la formación de 12 organizaciones que operan con sus propios criterios de mitigación climática y ahorro. A través del diálogo con las municipalidades y las Oficinas Municipales de la Mujer (OMM), han procurado que este proceso de formación sea incluido en el presupuesto público.

En la cuenca del Lago Atitlán, donde el turismo es la principal fuente de ingresos, la REDMUSOVI ha procurado que las mujeres sean protagonistas en la cadena de valor. No solo como empleadas domésticas o vendedoras ambulantes, sino como artesanas y productoras con marca propia.

El relato de esta organización no es uno de caridad, sino de eficiencia y dignidad. Es la historia de mujeres que están aprendiendo a leer el mercado con la misma precisión con la que leen los hilos de un telar, que paso a paso dejan de pedir permiso para comprar productos básicos. Es la construcción de una economía que respeta el entorno natural de la cuenca y que entiende que el desarrollo económico es, ante todo, el derecho a decidir.