“Antes nosotros trabajábamos la tierra y las cosechas eran bastantes. Buenas cosechas, no había químicos”, dice Don Celestino Carmelo Osorio, de 86 años, en medio de un taller sobre abonos verdes en la zona norte del Istmo de Tehuantepec en Oaxaca, México. Habla sin prisa, como intentando recordar algo que está por perderse. A su alrededor, jóvenes de secundaria y campesinos lo escuchan.
La escena es narrada por Eugenio Ángel Molina, técnico de campo de la Unión de Comunidades Indígenas de la Zona del Istmo (UCIZONI) que, con el acompañamiento del Foro Internacional de Mujeres Indígenas (FIMI) y el financiamiento del Fondo Internacional de Desarrollo Agrícola (FIDA), a través de su Fondo de Apoyo a los Pueblos Indígenas (IPAF), ha impulsado un proyecto de conservación que busca algo aparentemente simple: volver a comer como antes. Esto incluye la recuperación de plantas que crecían entre la milpa y formas ancestrales de cultivo que no necesitan la intervención de productos químicos.


