6º Ciclo IPAF–FIDA (2022–2026)
ORGANIZACIÓN
Unión de Comunidades Indígenas de la Zona Norte del Istmo A.C. (UCIZONI)
BENEFICIARIOS DIRECTOS
700
BENEFICIARIOS inDIRECTOS
11726

Fortalecer el abasto y la autoproducción de alimentos en las localidades indígenas del istmo oaxaqueño mediante el rescate, selección, diversificación y reproducción de variedades y especies de plantas comestibles y cultivos alimenticios que mejor se adapten al cambio climático. Realización de talleres participativos y capacitaciones, instalación de huertos comunitarios en 14 comunidades indígenas y elaboración de recetas de platillos tradicionales basadas en hierbas y plantas silvestres.

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De regreso a la milpa: comida y memoria ancestral
FotografíasDaphne Pineda, Karen Santiago
TEXTOAndrea Fajardo
Istmo de Tehuantepec / Oaxaca / México

“Antes nosotros trabajábamos la tierra y las cosechas eran bastantes. Buenas cosechas, no había químicos”, dice Don Celestino Carmelo Osorio, de 86 años, en medio de un taller sobre abonos verdes en la zona norte del Istmo de Tehuantepec en Oaxaca, México. Habla sin prisa, como intentando recordar algo que está por perderse. A su alrededor, jóvenes de secundaria y campesinos lo escuchan.  

La escena es narrada por Eugenio Ángel Molina, técnico de campo de la Unión de Comunidades Indígenas de la Zona del Istmo (UCIZONI) que, con el acompañamiento del Foro Internacional de Mujeres Indígenas (FIMI) y el financiamiento del Fondo Internacional de Desarrollo Agrícola (FIDA), a través de su Fondo de Apoyo a los Pueblos Indígenas (IPAF), ha impulsado un proyecto de conservación que busca algo aparentemente simple: volver a comer como antes. Esto incluye la recuperación de plantas que crecían entre la milpa y formas ancestrales de cultivo que no necesitan la intervención de productos químicos.

Pero recuperar lo que se perdió ha sido todo un reto en un territorio que, desde hace décadas, enfrenta presiones mucho mayores que el uso de agroquímicos. El Istmo de Tehuantepec es una zona geoestratégica por su ubicación entre el Golfo de México y el océano Pacífico. Esto ha generado, históricamente, disputas por la tierra y sus recursos. En la actualidad, proyectos como el Corredor Interoceánico del Istmo de Tehuantepec buscan convertir esta región en un eje logístico e industrial que conecte puertos, trenes y parques industriales.

En la franja oaxaqueña del Istmo se concentra una fuerte presencia indígena de Huaves, Mixes, Zapotecas, Zoques, Mixtecas y Chontales. Conviven ciudades como Matías Romero, Juchitán o Tehuantepec con comunidades dispersas cuyo acceso a servicios básicos es limitado. Según el reporte Resistencia comunitaria en el Istmo de Tehuantepec de Amnistía Internacional, la instalación de más de 2 mil aerogeneradores en la región ha tenido impactos en la vida comunitaria, incluyendo cambios económicos, contaminación ambiental, encarecimiento de servicios y transformación de las formas tradicionales de vida.

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(2) Cilantro de monte. (3 a-b-c-d) La transición alimentaria busca frenar la incidencia de enfermedades crónicas mediante el aprovechamiento de productos locales como quintonil, nopal y coco. (4) Las Mujeres Indígenas de las comunidades del Istmo sostienen el trabajo cotidiano de los huertos, organizando la siembra y la recolección de plantas comestibles que garantizan el autoconsumo familiar. (5 a-b-c-d) Cultivo agroecológico de chiles y hortalizas. (6) La producción de plántulas en macetas y almácigos facilita la reforestación y la restauración de la biodiversidad regional.

La UCIZONI trabaja hoy con diez comunidades indígenas Mixes, Mixtecas y Zapotecas en el Istmo. Cinco grupos son de campesinos; los otros cinco, estudiantes de secundaria. Cada dos meses, representantes de alrededor de 60 comunidades se reúnen para discutir problemas y propuestas en la zona del Istmo. Fue allí donde empezó a repetirse una inquietud entre los pobladores: la comida había cambiado, y no para bien.

Las organizaciones indígenas del Istmo han desempeñado un papel central en la defensa del territorio frente a proyectos de infraestructura, energía y desarrollo industrial.

“Con todo lo que está pasando, de que luego consumimos alimentos o productos que vienen de otras regiones, de otros estados, las comunidades han dicho: ‘Bueno, ¿por qué no rescatamos nuestras plantas comestibles, como el chipil, la verdolaga, el quintonil, los diversos tipos de quelite o de bejuco?’”, comenta Rubicela Toribio, coordinadora de programas en la UCIZONI.

Según Rubicela, estas plantas no desaparecieron por azar. El uso extendido de agroquímicos transformó la milpa en monocultivo. Lo que antes era un sistema diverso donde crecía maíz, frijol, chile y hierbas comestibles, se volvió un terreno uniforme que ahora depende de fertilizantes y herbicidas.

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(7 a-b-c) La memoria oral de las personas mayores se ha convertido en una herramienta de defensa frente a los megaproyectos industriales y la crisis climática. (8 a-b-c-d) Ante el abandono de las clínicas rurales, las comunidades indígenas han identificado en la alimentación tradicional una forma de medicina preventiva.

El proyecto impulsado por la UCIZONI ha consistido en instalar huertos de 20 por 20 metros, capacitar en prácticas agroecológicas, rescatar semillas y, eventualmente, documentar recetas tradicionales en el territorio. Ponerlo en práctica les ha llevado a enfrentar resistencias tanto técnicas como sociales.

“Es como regresar unos años atrás, a cómo trabajaban y comían nuestros ancestros.”

Uno de los primeros retos fue la expectativa de ingreso económico que tenían las comunidades. “Pensaban que se les iba a dar un estímulo de dinero”, dice Rubicela. Muchos pobladores tenían como referencia programas gubernamentales como Sembrando Vida, donde los productores reciben pagos mensuales por desarrollar proyectos agroforestales.

En contraste, la labor de la organización ha sido entregar materiales como tinacos, malla sombra y mangueras para que los mismos habitantes sean quienes instalen sus huertos. Esto trajo un cambio positivo en la participación de la comunidad: de un ingreso inmediato a un beneficio a mediano plazo. “Ahora entre los mismos compañeros se animan”, cuenta Rubicela. “Se dan cuenta de que no es un trabajo para alguien más, sino un beneficio para ellos mismos”.

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(9) La participación juvenil asegura la supervivencia de los cultivos y la transmisión de prácticas agroecológicas. (10 a-b-c-d) El chipil y el quintonil son plantas nativas de alto valor nutricional que crecen en la milpa. (11) Huerto de 20 por 20 metros instalado con tinacos y malla sombra que permiten adaptar la producción al calor extremo. (12 a-b-c-d) Raíces de yuca y cebollines locales cultivados sin químicos. (13) Estudiantes preparan el sustrato en cajas de siembra.

Por otro lado, Eugenio explica que las comunidades ya se han acostumbrado al uso de agroquímicos como una manera de ahorrar tiempo. Pero el proyecto se centra tanto en recuperar técnicas agroecológicas como en impulsar la reflexión comunitaria sobre el uso de productos químicos. Han implementado talleres sobre cambio climático, contaminación y salud con preguntas simples: ¿Por qué ya no llueve como antes? ¿De dónde viene la sequía? ¿Qué pasa con el suelo?

“Antes nosotros trabajábamos la tierra y las cosechas eran bastantes. Buenas cosechas, no había químicos”, dice Don Celestino Carmelo Osorio, de 86 años, en medio de un taller sobre abonos verdes en la zona norte del Istmo de Tehuantepec en Oaxaca, México. Habla sin prisa, como intentando recordar algo que está por perderse. A su alrededor, jóvenes de secundaria y campesinos lo escuchan.

Uno de los temores al inicio del proyecto era que los saberes no lograran transmitirse a las nuevas generaciones. Pero la participación juvenil ha sido significativa, en parte por el trabajo que ha hecho la UCIZONI en escuelas secundarias con grupos compuestos por estudiantes de entre 12 y 15 años. A ellos se suman, en las comunidades, principalmente mujeres. Son ellas las que organizan los turnos en los huertos y sostienen el trabajo cotidiano.

Los huertos son pequeños y su prioridad es el autoconsumo. Muchas de las comunidades ya están instalando los suyos y los cambios productivos, aunque son en pequeña escala, son visibles. Rubicela explica que, en sus visitas a las comunidades, le han servido de comer quelites con hueso de res, tamales de quelite, molito de guia de chayote, hierba santa con pollo. “Eso da gusto porque uno se acuerda de lo que comía antes”, dice. Esa experiencia está reconfigurando la relación con la comida en el territorio. Eugenio agrega que “es como regresar unos años atrás, a cómo trabajaban y comían nuestros ancestros”.

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(14 a-b-c-d) Cosecha de cocos amarillos y maíz nativo. (15) Cosecha de chiles habaneros cultivados bajo métodos orgánicos. (16) Cosecha de cebollín. (17) Productores locales recolectan plantas nativas en una parcela diversificada. El sistema de policultivo reduce las plagas de forma natural y optimiza el espacio.

Para la mayoría de las comunidades donde trabaja la UCIZONI, la alimentación se ha vuelto un asunto de salud pública. Si bien el proyecto no resuelve todas las carencias que se presentan, sí busca insertarse en ellas para atenderlas en la mayor medida posible. Para el cierre del proyecto, Rubicela explica que el plan es construir un recetario de plantas comestibles silvestres, pero que el trabajo no termina ahí. La organización se propone replicar esta experiencia en otras comunidades, otras escuelas e incluso en otros niveles educativos.

En el Istmo de Tehuantepec conviven diversas comunidades Ayuujk jä’äy (Mixe), Binni záa (Zapoteco del Istmo) y Ñuu savi (Mixteco), entre otros pueblos indígenas con una larga tradición agrícola.

El equipo de la UCIZONI asegura que la intención de su proyecto es distinta a la de los programas que llegan con dinero a las comunidades y se van cuando se acaba el financiamiento. Aquí la apuesta es otra: que lo que se siembra en la tierra y en la memoria pueda sostenerse por sí solo. “Es un cambio que no va a surgir de la noche a la mañana, pero sí se puede lograr”, comenta Eugenio.

En los talleres, cuando alguien mayor toma la palabra y describe cómo se cultivaba antes, ese cambio deja de ser una idea. Se convierte, al menos por un momento, en algo concreto cargado de memoria y que, con trabajo colaborativo y organizado, puede volver a existir.

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(18) El cuidado de la milpa y la protección de las variedades locales de maíz es una forma de resistencia cultural frente a la introducción de granos transgénicos y la pérdida de biodiversidad.

Baleu, Guaxpom La Calera, Mocohán / Alta Verapaz, Baja Verapaz / Guatemala
Las comunidades Maya Q’eqchi’ y Maya Poqomchi’ se encuentran en los municipios de San Cristóbal Verapaz y Tucurú, en el Departamento de Alta Verapaz, y el municipio de Purulhá en Baja Verapaz, ubicados en la Región Norte de Guatemala. El territorio es atravesado por la Sierra Madre y el entorno es predominantemente subtropical y montañoso. Las temperaturas oscilan entre los 16 - 22 °C.
ORGANIZACIÓN
Unión Verapacense de Organizaciones Campesinas (UVOC), Asociación Mujeres Mayas Comprometida con el Desarrollo de las Comunidades Indígenas y Campesinas (IXOQ MAYAJ)
PARTICIPANTES DIRECTOS
180
PARTICIPANTES inDIRECTOS
300

Priorizar los conocimientos ancestrales de las comunidades para la defensa y recuperación cosmogónica del territorio Maya Q’eqchi’ y Maya Poqomchi’. Realización del primer intercambio de experiencias a nivel ancestral y cosmogónico, con la participación de Autoridades del área Sur, Occidente, Altiplano y Norte de Guatemala. Construcción de huertas, viveros y parcelas demostrativas por parte del equipo técnico y de los participantes con el objetivo de mejorar la nutrición y consolidar la seguridad alimentaria de la región.

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