“El cacique Román Benítez me dice que lo que quieren lograr es la comercialización conjunta. Ese es el nudo de nuestro problema”, explica Samuel. El plan es utilizar el banco de semillas y las nuevas capacidades organizativas para funcionar como un centro de acopio que permita negociar mejores precios y así romper con la dependencia de terceros.
El sueño de la comunidad Tacuaró es la sustentabilidad plena. Saben que el camino es lento, pues implica una transición profunda en cuanto a modos de vida. Pasar de ser recolectores a tener sistemas agrícolas autogestionados que resistan al cambio climático, fenómeno que en Paraguay se manifiesta con sequías prolongadas, aumento de temperaturas o inundaciones.
Su esperanza reside en los jóvenes que ya asisten a la escuela y en los artesanos que han fortalecido su técnica tradicional para generar ingresos adicionales, además de las mujeres que sostienen la actividad agrícola hasta ahora implementada. De esta forma, la comunidad está construyendo un futuro donde la identidad Mbyá y la eficiencia productiva van de la mano. Hoy en Tacuaró hay una certeza: la tierra, trabajada con respeto y organización, tiene la capacidad de alimentar a su gente y devolverles la autonomía que el bosque, alguna vez, les brindó.