6º Ciclo IPAF–FIDA (2022–2026)
ORGANIZACIÓN
Fundación Moisés Bertoni para la Conservación de la Naturaleza (FMB)
BENEFICIARIOS DIRECTOS
260
BENEFICIARIOS inDIRECTOS
200

El proyecto busca fortalecer la seguridad alimentaria y la organización comunitaria de la comunidad Mbya Guarani de Tacuaró mediante la instalación de huertas familiares, apiarios y bancos de semillas tradicionales, con especial participación de mujeres y jóvenes indígenas. Las acciones promueven la producción sostenible, la transmisión de conocimientos ancestrales y la resiliencia frente al cambio climático. Entre sus objetivos destacan mejorar la soberanía alimentaria de las familias, fomentar la participación activa de mujeres y jóvenes en actividades productivas sostenibles, implementar prácticas agrícolas y apícolas respetuosas del entorno natural, fortalecer la organización comunitaria y las capacidades locales de comercialización, y rescatar los saberes tradicionales Mbya Guarani relacionados con plantas medicinales y semillas nativas.

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Siembra que resiste
FotografíasMayeli Villalba
TEXTOAndrea Fajardo
Tacuaró / Departamento de Caazapá / Paraguay

“La sandía no anda en luna nueva; tiene que sembrarse en luna llena. Le salen gusanos si no se respeta la fase lunar”, dice Nilda Brizuela, presidenta del Comité de Mujeres del pueblo Mbyá Guaraní en la comunidad Tacuaró, al sur de Paraguay. Después de un año en el desarrollo de proyectos de agricultura y recuperación de saberes ancestrales, Nilda y otros miembros de la comunidad cuentan la historia de su pueblo como un relato de resistencia y adaptación, en un país donde la riqueza cultural indígena convive con profundas desigualdades. 

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(1) Tacuaró es una comunidad indígena del pueblo Mbya Guarani, ubicada en los márgenes de la Reserva Natural Tapytá. (2) Nilda Sarita Brizuela. La chacra se rige por el conocimiento ancestral de los ciclos naturales y las fases lunares.

Paraguay alberga 19 pueblos indígenas pertenecientes a cinco familias lingüísticas. Mbyá Guaraní es uno de los grupos más numerosos y representativos de la familia Tupí-Guaraní. Según datos del Censo Nacional de 2022, la población indígena ha crecido hasta alcanzar 140,206 personas (un 2.1% de la población total), pero sus condiciones de vida aún son críticas. El 66% de la población indígena en Paraguay vive en situación de pobreza y el acceso al agua potable apenas llega al 30% en comunidades rurales.

Ubicada en los márgenes de la Reserva Natural Tapytá, la comunidad de Tacuaró ha tenido que reinventar su vínculo ancestral con la tierra. La desaparición progresiva del bosque virgen y la presión externa sobre sus recursos obligaron a los habitantes a transitar de la recolección y la cacería hacia una agricultura diversificada, que ahora representa un pilar de soberanía alimentaria.

Desde 2005, la Fundación Moisés Bertoni ha acompañado este camino, pero fue en 2025 cuando un proyecto de fortalecimiento a la agricultura y la sostenibilidad, con el acompañamiento del Foro Internacional de Mujeres Indígenas (FIMI) y el financiamiento del Fondo Internacional de Desarrollo Agrícola (FIDA), a través de su Fondo de Apoyo a los Pueblos Indígenas (IPAF), alcanzó una madurez organizativa.

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(3) Susana Brizuela, Nilda Brizuela, Sebastiana Benítez con su bebé y Nadia Brizuela. (4) Variedad de maíz cultivada por la familia Brizuela, llamada avachĩ para’i. (5) Las hermanas Araceli Benítez y Maribel Benítez trabajando en la chacra familiar. (6) Las chacras protegen la biodiversidad y sostienen la salud de la comunidad. (7) Nilda Sarita Brizuela cosecha maní o manduvi. (8) La familia Martínez Benítez: Maribel Benítez, Antolina Martínez, Oscar Benítez y Araceli Benítez. (9 a-b-c) En Tacuaró se producen diversas variedades de maíz y de poroto o frijol rojo, conocido como kumanda pytã.

Mardonio Samuel Chávez, ingeniero zootecnista vinculado a la fundación desde hace dos décadas, explica que el objetivo central ha sido fortalecer la seguridad alimentaria mediante una gestión sostenible. “Históricamente, ellos se dedicaban a la cacería y a la recolección de frutas naturales. Hoy, ante la escasez de alimentos por la pérdida del bosque, han ido ampliando la agricultura para surtirse de su propia chagra”, señala.

El pueblo Mbya Guarani forma parte de la familia Tupí-Guaraní y mantiene conocimientos agrícolas vinculados a los ciclos lunares, las semillas y el manejo tradicional del bosque.

A lo largo de 2025, la comunidad ejecutó un cronograma de trabajo que transformó el paisaje productivo de Tacuaró. El ciclo comenzó entre marzo y abril con la entrega de semillas de hortalizas de temporada, un paso importante en un país donde la desnutrición crónica afecta un 20% más a los niños indígenas, según datos de la UNICEF. Para junio, el enfoque se amplió hacia la producción forestal y frutal, integrando la plantación de eucaliptos y el cultivo de yerba mate (Ka'a en guaraní), un producto emblemático de la cultura paraguaya.

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(10) Flor de poroto o frijol rojo, o kumanda pytã poty. (11) Sebastiana Benítez se prepara para atender a las abejas. (12) Integrantes del Comité de Mujeres Apicultoras, organización que lidera la producción de miel con fines de autoconsumo y venta, reciben capacitación técnica en manejo invernal y cosecha higiénica. (13 a-b-c-d) La producción apícola diversifica los ingresos de las familias y fortalece la seguridad alimentaria mediante el aprovechamiento sostenible de los recursos del bosque.

Pero esta transición no es solo técnica; también ha sido cultural. El proyecto impulsado por la fundación ha buscado recuperar saberes tradicionales de la comunidad, especialmente en el uso de plantas medicinales, semillas y materiales vegetativos. En agosto de 2025, alcanzaron uno de los hitos más significativos: la creación de un Banco Comunitario de Semillas, gestionado íntegramente por Mujeres Indígenas, que funciona como un seguro de vida para la identidad agrícola de la comunidad. Asegurando también que las variedades de maíz, poroto, mandioca y maní que han alimentado a sus ancestros no desaparezcan.

Lo que antes eran pequeñas parcelas de subsistencia, hoy son huertas donde conviven cultivos de autoconsumo y rubros de venta. La introducción de la cebolla como nuevo rubro local ha sido un éxito en el aspecto técnico. Han logrado cosechas que superan los 2,000 kg en terrenos donde antes se creía imposible producir este vegetal debido a la dureza del suelo o la falta de sistemas de riego adecuados.

“La sandía no anda en luna nueva; tiene que sembrarse en luna llena. Le salen gusanos si no se respeta la fase lunar.”

Un eje central de la nueva economía de Tacuaró es la apicultura, una actividad que aprovecha la biodiversidad de la Reserva Natural Tapytá. Entre abril y mayo de 2025, instalaron siete apiarios comunitarios con un total de 10 colmenas en sectores estratégicos. Este esfuerzo ha consolidado un Comité de Mujeres Apicultoras, que ha recibido capacitaciones en el manejo invernal de los apiarios y en técnicas de cosecha higiénica.

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(14) Las mujeres de la comunidad también se dedican a la creación artesanal de objetos utilitarios como el cedazo, conocido como yrupe. (15 a-b) El yrupe se elabora con caña o takuapi. También se utiliza ñandypa y guembé. Todos los materiales provienen del bosque. (16 a-b) El nombre de la comunidad está relacionado con la abundancia de takuapi, una caña nativa de la zona. (17) La piel de la raíz del guembé se utiliza para unir las piezas de los cestos y los cedazos. (18 a-b) Sandra Martínez recolecta caña o takuapi en el bosque. (19) Guembé.

Samuel destaca que las mujeres son el motor de esta organización. No solo lideran el banco de semillas y lideran un comité denominado TACUARO POTY, sino que ahora custodian la producción de miel. Tener una caja apícola propia significa asegurar un alimento nutritivo para sus hijos en una región donde las enfermedades y la falta de servicios sanitarios básicos son recurrentes.

El modelo colectivo del proyecto les ha permitido también avanzar en la educación ambiental de jóvenes y niños. Datos recopilados por la Red de la Campaña Latinoamericana por el Derecho a la Educación (CLADE) señalan que la tasa de analfabetismo en pueblos indígenas de Paraguay es aproximadamente del 30%. En este contexto, que los jóvenes de Tacuaró tengan la oportunidad de capacitarse en educación ambiental y valores nutricionales es un paso significativo para esta comunidad.

A pesar del entusiasmo, el camino de acceso a la comunidad Tacuaró sigue siendo el mayor obstáculo. La infraestructura vial en el interior de Paraguay es deficiente, y para las comunidades indígenas, esto se traduce en aislamiento. El mal estado del camino ha impedido que los productores trasladen sus excedentes a los mercados de Caazapá en condiciones justas o que los compradores externos se trasladen para hacer tratos de comercialización directa. Actualmente, la comunidad depende de intermediarios que compran sus productos a mitad de precio.

“El cacique Román Benítez me dice que lo que quieren lograr es la comercialización conjunta. Ese es el nudo de nuestro problema”, explica Samuel. El plan es utilizar el banco de semillas y las nuevas capacidades organizativas para funcionar como un centro de acopio que permita negociar mejores precios y así romper con la dependencia de terceros.

El sueño de la comunidad Tacuaró es la sustentabilidad plena. Saben que el camino es lento, pues implica una transición profunda en cuanto a modos de vida. Pasar de ser recolectores a tener sistemas agrícolas autogestionados que resistan al cambio climático, fenómeno que en Paraguay se manifiesta con sequías prolongadas, aumento de temperaturas o inundaciones.

Su esperanza reside en los jóvenes que ya asisten a la escuela y en los artesanos que han fortalecido su técnica tradicional para generar ingresos adicionales, además de las mujeres que sostienen la actividad agrícola hasta ahora implementada. De esta forma, la comunidad está construyendo un futuro donde la identidad Mbyá y la eficiencia productiva van de la mano. Hoy en Tacuaró hay una certeza: la tierra, trabajada con respeto y organización, tiene la capacidad de alimentar a su gente y devolverles la autonomía que el bosque, alguna vez, les brindó.

Baleu, Guaxpom La Calera, Mocohán / Alta Verapaz, Baja Verapaz / Guatemala
Las comunidades Maya Q’eqchi’ y Maya Poqomchi’ se encuentran en los municipios de San Cristóbal Verapaz y Tucurú, en el Departamento de Alta Verapaz, y el municipio de Purulhá en Baja Verapaz, ubicados en la Región Norte de Guatemala. El territorio es atravesado por la Sierra Madre y el entorno es predominantemente subtropical y montañoso. Las temperaturas oscilan entre los 16 - 22 °C.
ORGANIZACIÓN
Unión Verapacense de Organizaciones Campesinas (UVOC), Asociación Mujeres Mayas Comprometida con el Desarrollo de las Comunidades Indígenas y Campesinas (IXOQ MAYAJ)
PARTICIPANTES DIRECTOS
180
PARTICIPANTES inDIRECTOS
300

Priorizar los conocimientos ancestrales de las comunidades para la defensa y recuperación cosmogónica del territorio Maya Q’eqchi’ y Maya Poqomchi’. Realización del primer intercambio de experiencias a nivel ancestral y cosmogónico, con la participación de Autoridades del área Sur, Occidente, Altiplano y Norte de Guatemala. Construcción de huertas, viveros y parcelas demostrativas por parte del equipo técnico y de los participantes con el objetivo de mejorar la nutrición y consolidar la seguridad alimentaria de la región.

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